Por amor

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Recientemente, una persona que debía declarar en un juicio dijo que quería dejar constancia de que lo hacía “por imperativo legal”. También algunos políticos, para tomar posesión de su cargo tienen que decir una fórmula establecida, a la que ellos añaden “por imperativo legal”. Con estas palabras están expresando que lo que van a hacer lo hacen forzados, ya que por su voluntad no lo harían. Y esto ocurre también en la vida cristiana: se actúa “por imperativo legal”. Por ejemplo, algunos mandamientos se procuran cumplir sobre todo porque de no hacerlo se teme un castigo, no por convencimiento. Y en determinadas fiestas se sigue preguntando “si hoy es día de precepto o no”: si es precepto, esa persona acude a la Eucaristía; pero si no lo es, no acude, con lo cual está manifestando que va porque “la obligan”, no por su propia voluntad. Sigue leyendo





