Como esos sirvientes

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Cualquier persona que se tome en serio su fe en Cristo sabe lo difícil que es ser cristiano, ser discípulo y apóstol. Porque la fe, para ser cristiana, ha de plasmarse y concretarse en la vida. Supone dar testimonio en la multiplicidad de las circunstancias personales, familiares, sociales, laborales… es decir, ser “santos”. Y esto conlleva asumir una serie de valores, actitudes y comportamientos. Pero muchas veces la complejidad de la realidad, y también los escasos o nulos frutos a pesar de tanto esfuerzo, nos hace cuestionarnos esos valores y comportamientos. Por eso, aunque sigamos manteniéndolos, nos preguntamos interiormente: “Y esto, ¿para qué? ¿De qué va a servir?”. Sigue leyendo







