Seguimos sin entender… pero seguimos creyendo
VER:
A pesar de lo que hemos vivido y celebrado durante la Semana Santa, a pesar de saber que Dios siempre nos desborda, y que cuanto más profundizamos en Él, más nos damos cuenta de que no conseguimos abarcarlo, y que eso no es obstáculo para adentrarnos en su Misterio de Amor que se ha manifestado en la muerte y resurrección de su Hijo… con la vuelta a la vida cotidiana todo parece seguir igual que antes, y nos damos cuenta de que nos sigue costando vivir como hijos de la Pascua, y ante las circunstancias que se nos presentan, continuamos diciendo: “No lo entiendo”.JUZGAR:
Nos podemos sentir muy identificados como Tomás: Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo. Es lógico pensar que necesitamos signos “tangibles”, “visibles”, que los notemos, de la presencia del Resucitado, porque como Tomás, seguimos encontrando muchas razones para decir: “No lo entiendo”.
No entendemos cómo Jesús, si estaban los discípulos en una casa con las puertas cerradas por miedo a los judíos, pudo entrar y ponerse en medio de ellos.
No entendemos que lo primero que les dice, dos veces, sea: Paz a vosotros.
No entendemos que, a pesar de haberle abandonado en su Pasión, Jesús siga confiando en ellos y les diga: Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Menos aún se entiende que lleve esa confianza hasta el extremo de decirles: Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.
Humanamente no se entiende esto, lo lógico es pensar que todo ha sido una alucinación colectiva de los discípulos. Por eso la postura de Tomás es la que parece más razonable y cabal: Si no veo… no lo creo.
Pero si hemos contemplado la Semana Santa desde la fe, también el hecho de la resurrección debemos contemplarlo desde la fe, y si reflexionamos, descubriremos que tenemos a Cristo Resucitado delante mismo de nosotros, como lo tuvo Tomás, y no nos damos cuenta.
Desde la fe, descubriremos los signos de la presencia del Resucitado, que seguramente no son los que nosotros quisiéramos o esperaríamos, pero no por ello son menos reales.
Desde la fe, descubriremos que, sin negar que hay cosas que no entendemos, tenemos también muchas razones para afirmar, como Tomás: ¡Señor mío y Dios mío!
Desde la fe, entenderemos las palabras de Jesús: ¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto, no como un modo de expresar que “el que no se consuela es porque no quiere”, sino como la certeza de la posibilidad que tenemos de encontrarnos con el Resucitado de un modo tan real como se encontraron con Él los discípulos.
ACTUAR:
¿He cambiado en algo tras la celebración de la Semana Santa, o tengo la impresión de que “todo sigue igual”? ¿Me identifico con Tomás? ¿Qué signos de la Resurrección me gustaría percibir? ¿Sé descubrir los signos reales de la presencia del Resucitado? ¿Me siento dichoso por creer sin ver?
Como indica el Itinerario de Formación Cristiana para Adultos Ser cristianos en el corazón del mundo (T. 4): La mentalidad científico-técnica hija del positivismo nos tiene acostumbrados a dar valor de realidad sólo a lo que es tangible, palpable y comprobable (…) Los cristianos afirmamos que Jesús de Nazaret, verdadero hombre como nosotros, es el Hijo de Dios que murió en la cruz, pero que resucitó de la muerte. Nosotros creemos que Jesucristo ha resucitado. Ésta es la Buena Noticia que hemos recibido, que acogemos y que estamos llamados a comunicar a los demás.
Decía el final del Evangelio: Éstos [signos] se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre. Desde la fe entendemos que (T. 4) Jesucristo no es un mito ni una idea abstracta. Es Alguien concreto, un TÚ con el que puedo encontrarme (…) Alguien identificable y accesible a nosotros (…) El personaje central de ese conjunto de libros que llamamos Nuevo Testamento que fueron escritos para suscitar la fe en Él. Alguien concreto que nos interpela y nos invita a descubrir las dimensiones más profundas de la existencia y que nos ofrece la plena liberación y salvación y el logro de una felicidad mayor de la que podemos imaginar.