No entiendo pero creo
VER:
Durante toda la Semana Santa hemos estado reflexionando que hay aspectos de la fe, circunstancias, experiencias… que nos hacen pensar y decir: “No lo entiendo”. A todos nos gustaría comprender, y para eso hemos procurado vivir estos días desde la fe en Cristo, pensando que así, por fin, entenderíamos lo que nos cuestiona. Pero esta noche/hoy estamos celebrando que Dios siempre nos desborda, y que cuanto más profundizamos en Él, más nos damos cuenta de que no conseguimos abarcarlo, que sigue habiendo cosas que no entendemos; pero esta noche/hoy celebramos que eso no es un obstáculo para vivir desde la fe, sino todo lo contrario: es una garantía de que no estamos buscando una invención nuestra, una proyección de nuestros deseos y esperanzas, porque como dijo San Agustín: “Si fuéramos capaces de comprenderlo no sería Dios”.
JUZGAR:
En esta noche/hoy llegamos al punto máximo de nuestra incomprensión, pero debemos verlo no como algo negativo sino como encuentro con el Misterio de Amor y Vida que es Dios.
No entendemos el anuncio de los ángeles: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado. Lo que nos “sale” es la actitud de los Apóstoles ante lo que les cuentan las mujeres: Ellos lo tomaron por un delirio y no las creyeron. Porque no habían entendido lo que Jesús les transmitió en la Última Cena, ni tampoco entendieron lo que los ángeles les recuerdan: Acordaos de lo que os dijo estando todavía en Galilea: «El Hijo del hombre tiene que ser entregado en manos de pecadores, ser crucificado al tercer día resucitar». Porque no habían entendido la Escritura.
Pero aunque no entendamos, aunque lo que esta noche/hoy celebramos “no nos entre en la cabeza”, desde la fe sí podemos acoger la Buena Noticia: ¡Ha resucitado! Como indica el Itinerario de Formación Cristiana para Adultos Ser cristianos en el corazón del mundo (T. 4): Jesucristo, en su Misterio Pascual (su muerte y resurrección) es el centro de la fe cristiana. Toda la riqueza y especificidad de la fe cristiana consiste en esto: en creer que Jesús, con su muerte y resurrección nos revela quién es Dios, vence al pecado y a la muerte y nos otorga la salvación.
Y desde la fe cristiana ya no responderemos como los Apóstoles (T. 6): Quien considera que en Jesucristo se nos revela el Dios-Amor… comprende que la única respuesta del hombre al anuncio del Evangelio es la fe y la conversión (…) Creer significa aceptar el testimonio de Jesús, el crucificado resucitado, y esta aceptación incluye el sí a los hechos anunciados.
Y aunque siga habiendo cosas que no entendemos, desde esta fe podemos ir adentrándonos en el Plan de Salvación de Dios que nos han recordado las lecturas de la Vigilia Pascual, un Plan que, “incomprensiblemente” para nosotros, se ha ido cumpliendo a pesar del pecado de los hombres.
Y desde este adentrarnos en el Misterio de Dios, podemos acoger lo que decía san Pablo en la Epístola de la Vigilia: si nuestra existencia está unida a él en una muerte como la suya, lo estará también en una resurrección como la suya, y dar una nueva orientación a nuestra vida (consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro). Porque La adhesión plena a Cristo y a su Evangelio por medio de la fe reclama e implica la conversión (…) una conversión inicial pero que determina un proceso dinámico y permanente que dura toda la vida.
ACTUAR:
¿Qué supone para mí el anuncio: ¡Ha resucitado!? ¿Cuál es mi respuesta, cómo influye en mi vida?
Decía san Pablo: Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad lo bienes de allá arriba… No se trata de despreciar este mundo, sino de vivir con los pies bien plantados en la realidad pero con la mirada puesta en la meta de eternidad que Cristo Resucitado nos ofrece.
Vivamos como hijos de la resurrección: aunque en ocasiones no entendamos a Dios, eso no es obstáculo para adentrarnos en su Misterio de Amor que se ha manifestado en la muerte y resurrección de su Hijo. Creer en la Resurrección de Cristo, afirmar: ¡Ha resucitado!, no es hacer una afirmación teórica, es algo profundamente existencial y determinante para nuestra vida, en todas sus dimensiones, porque esta noche/hoy celebramos que Dios ha querido hacernos partícipes de su divinidad, abriéndonos por Cristo Resucitado el camino hacia la Vida Eterna.