Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet


Homilía Bautismo del Señor-A

Credenciales

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En Valencia se está llevando a cabo una Misión Diocesana para realizar un Primer Anuncio del Evangelio. Y, puesto que todos somos discípulos misioneros, la Misión no se va a realizar por “misioneros especializados”, como pueden ser miembros de algunas órdenes religiosas, sino por laicos de la parroquia. Y se va a realizar “de tú a tú”, de persona a persona, invitando a otros a participar en la Misión. Para llevar a cabo esta invitación, y pensando sobre todo en que los misioneros se dirijan a personas desconocidas del barrio, finca o calle de la parroquia, cada párroco les entregará unas credenciales. Una credencial es un documento que indica que el portador está facultado para llevar a cabo esa tarea o encargo, y esto da seguridad a quien se encuentra con él.

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Homilía Epifanía del Señor-A

Adoración

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Cuando una persona quiere expresar que algo le gusta mucho, o que una actividad le satisface, o que quiere mucho a otra persona, se dice a veces que “adora” eso, o que “siente adoración por” lo que sea. Porque “adorar” significa en primer lugar “reverenciar con sumo honor o respeto a un ser, considerándolo como cosa divina”, pero también “amar con extremo, gustar de algo extremadamente”. El modo en que se “adora” esa actividad o a esa persona se nota en gestos, palabras, en priorizarla sobre otros intereses, en dedicarle el tiempo que haga falta…

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Homilía María, Madre de Dios-A

La bendición de Dios

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A menudo circulan por internet mensajes e imágenes en las que se expresan deseos de recibir o de dar una “bendición”: a veces se nombra a Dios, pero otras veces no, sólo se habla de “bendiciones”. En el mundo secularizado en que vivimos, se ha perdido en su mayor parte el sentido de los signos de la presencia de Dios, y uno de esos signos es la bendición. Es verdad que muchas veces se confunde la bendición con una especie de acción mágica y con supersticiones, como si la bendición fuera un escudo protector contra el mal, pero por eso precisamente es una llamada a redescubrir y recuperar el verdadero sentido, el sentido cristiano, de la bendición.

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Homilía Navidad-A

¿Sabe Vd. qué es la Navidad?

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El primer domingo de Adviento, los niños de la catequesis ofrecieron a la comunidad parroquial una escenificación titulada: “¿Sabe Vd. qué es la Navidad?” El protagonista era un turista venido de un país lejano que no sabía qué era la Navidad, e iba preguntando a personas que representaban diversos modos de enfocar estos días: la navidad de los viajes, de las comilonas, de la lotería, de los regalos, de la juerga, de Papá Noel… Nadie le da una respuesta convincente, hasta que encuentra a una familia cristiana que sí sabe decirle qué es de verdad la Navidad. Y el turista, al final, lanzaba una pregunta a todo el público: “¿Y vosotros? ¿Sabéis qué es la Navidad?”

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Homilía IV de Adviento-A

¿No lo vemos?

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A veces, cuando alguien nos propone hacer algo, no lo hacemos porque “no lo vemos”. Aunque se nos diga que es algo bueno descubrimos inconvenientes y dificultades que nos echan atrás: necesitamos “verlo” nosotros mismos. Estamos a las puertas de la Navidad, y son muchas las personas que, por diferentes motivos, “no ven” la razón de celebrar estos días y todo lo que conllevan. Unas veces porque la Navidad se ve como una “imposición” del cristianismo sobre otras religiones. Otras veces, porque no tiene sentido atiborrarnos de dulces de todo tipo cuando nos pasamos el resto del año cuidando la línea. Tampoco se ve sentido a una celebración meramente “familiar”, si nos estamos viendo el resto del año o hay tensiones y rupturas que no podemos dejar de lado. Y ¿por qué hay que gastar un dineral en regalos, cuando la crisis nos afecta tan duramente? Todo esto (y también razones de tipo más personal, como enfermedades, el recuerdo de quienes han fallecido…) hace que muchas personas, ante la Navidad, “no la vean”.

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Homilía III de Adviento-A

¿Qué esperamos?

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Cuando alguien conocido tiene un comportamiento o reacción que nos sorprende negativamente, solemos pensar o decir: “No esperaba eso de ti”. Y, sobre todo si nos afecta directamente y nos decepciona, nos sentimos defraudados porque esa persona, con ese comportamiento o reacción, ha echado por tierra la confianza que habíamos depositado en ella.

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Homilía de la Inmaculada-A

¿Dónde estás?

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La palabra “perdido” tiene varios significados, y probablemente todos hemos experimentado algunos o todos esos sentidos. Unas veces, cuando vamos a algún sitio, nos hemos perdido porque nos hemos salido de nuestra ruta y no sabemos llegar a nuestro destino. Otras veces lo decimos cuando algo está sucio, manchado o deteriorado, por ejemplo “lleva la camisa perdida”. Y otras veces, cuando creemos que algo o alguien no tiene remedio o solución, lo damos por perdido.

También interiormente podemos sentirnos “perdidos”: cuando, en los años de juventud, no sabemos hacia dónde orientar nuestra vida; o cuando, ya adultos y después de años llevando una vida convencional, un día nos damos cuenta de que estamos descentrados, no sabemos para qué hemos hecho todo; o cuando, por diferentes motivos y circunstancias, nos damos cuenta de que hemos adquirido actitudes y comportamientos negativos que nos hacen sentir manchados, “sucios”; o cuando, después de intentar muchas veces corregirnos y cambiar, experimentamos que no lo hemos logrado y nos damos a nosotros mismos por perdidos.

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Homilía II de Adviento

Liderazgo positivo

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Desde nuestra infancia, necesitamos modelos de identificación, personas que nos sirvan de referencia para desarrollarnos debidamente. Ya en la edad adulta, se siguen necesitando personas que orienten nuestra vida, ya sea en lo personal, profesional, político, religioso… Y ahí entra la figura del líder. Hay liderazgos positivos, que generan confianza, que buscan un bien común, que tienen claro el objetivo a lograr, que toman decisiones y utilizan medios para alcanzar ese fin, pero a la vez saben implicar a otros en su realización. Pero también hay falsos liderazgos, personas que aprovechan sus dotes y atractivo para buscar su propio poder, aunque “disfrazándolo” de bien común, y que lo que hacen es manipular a los demás para lograr su interés personal.

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Homilía I de Adviento-A

La gran esperanza

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Si preguntáramos a la gente: “¿Usted qué espera?”, la mayoría de las respuestas serían muy similares: a nivel general, que termine la guerra de Ucrania, que bajen los precios, que mejore la situación económica, que termine la sequía… A nivel particular, quizá recuperarse de una enfermedad, o encontrar un trabajo… Son esperanzas muy lógicas, porque son las que sentimos que nos afectan más directamente y las que más nos preocupan y “llenan” nuestra vida. Pero como la mayoría de las veces esas esperanzas quedan frustradas, acabamos por “des-esperar” y, por eso, también dejamos de mirar más allá, y renunciamos a tener grandes esperanzas porque: “¿para qué?”

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Homilía Jesucristo, Rey del Universo

En la misma condena

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La semana pasada decíamos que, desde que comenzó el siglo XXI, parece que no levantamos cabeza y las cosas van de mal en peor. Los males que ya aquejaban a nuestro mundo se han agravado y han surgido otros nuevos, como la pandemia del coronavirus, la guerra en Ucrania, la sequía y el cambio climático, la crisis de refugiados… que han empeorado más la situación. A estos males generales hay que sumar los personales: enfermedades, paro laboral, problemas múltiples en lo personal, familiar y social… Y surge la pregunta: ¿Dónde está Dios? ¿Por qué no actúa?

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