Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet


Homilía del Corpus-A

En comunión

VER:

Una experiencia gratificante es encontrarse junto a una o varias personas y comprobar que el trato, la conversación, la amistad… fluyen con naturalidad. En esos casos solemos decir coloquialmente que “hay buen ambiente”, pero lo que se está produciendo, aunque no le demos ese nombre, es que estamos “en comunión” unos con otros: aun siendo diferentes, todos participamos de algo que nos une de un modo más profundo. Y estar en comunión con otros nos hace sentir bien, acogidos y acompañados, y también nos da seguridad y nos fortalece anímicamente.

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Homilía de Pentecostés-A

Juntos

VER:

En una comunidad parroquial se iba a celebrar el Sacramento de la Confirmación, y se invitó a toda la comunidad a participar en la celebración. Pero el día de la celebración se ausentaron más de la mitad de las personas que habitualmente participan en esa Eucaristía: no vieron esa celebración como algo “propio”, no se veían ni veían a los demás como miembros de una misma comunidad. Esta situación se repite cada vez que hay una celebración o actividad referente a uno de los grupos parroquiales: el resto no se siente implicado, ni siquiera para acompañarlos y rezar por ellos ese día. Muchas personas viven la fe de un modo individualista, sin querer saber nada de la vida parroquial y comunitaria.

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Homilía de la Ascensión-A

Distanciamiento

VER:

Unos amigos recordaban a otras personas que habían formado parte de su grupo pero con las que habían perdido el contacto. Repasando nombres, en la mayoría de los casos el distanciamiento se debió a cambios de domicilio por motivos familiares, de trabajo o de estudios. A pesar de que hoy en día es más fácil que antes mantener el contacto por medios electrónicos, lo cierto es que la distancia física acaba provocando un enfriamiento en las relaciones. El hecho de no poder quedar, no poder encontrarnos… favorece el distanciamiento y que se pierda definitivamente el contacto.

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Homilía VI de Pascua-A

Obras son amores…

VER:

Un refrán muy conocido es: “Obras son amores y no buenas razones”, cuyo primer significado es que, cuando se ama a alguien, no basta con decirlo de palabra, por muy románticas que sean, hay que demostrarlo con hechos. En general, se suele utilizar este refrán para referirse a personas que de palabra quedan muy bien, con grandes discursos y promesas, pero luego sus palabras no se concretan en acciones que realicen y prueben lo que están diciendo.

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Homilía V de Pascua-A

Saber el camino

VER:

Cuando vamos en grupo a algún sitio, de excursión, o a una celebración, encuentro, compromiso social… y no hemos estado nunca allí, normalmente recurrimos a alguna aplicación informática para ver la ruta. Pero sabemos que estas aplicaciones tienen sus fallos, por lo que, aunque tengamos este recurso, lo que nos da más seguridad es que alguien del grupo diga que “sabe ir”. De este modo, nos va indicando la mejor ruta: qué obstáculos tendremos que sortear, qué zonas peligrosas deberemos evitar, dónde tendremos que ir más despacio y dónde podremos acelerar, dónde podremos parar y repostar, los desvíos, salidas, etc. que hay que tomar para poder llegar al destino.

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Homilía IV de Pascua-A

Reconocimiento de voz

VER:

Para utilizar dispositivos electrónicos (ordenador, teléfono móvil…) normalmente necesitamos un teclado, físico o en pantalla. Pero una de las herramientas informáticas que se nos ofrecen es la del “reconocimiento de voz”, que nos permite controlar el dispositivo con nuestra voz: iniciar aplicaciones, hacer llamadas, dictar texto, escribir correos y mensajes… Pero, para que el reconocimiento de voz funcione, antes hay que configurar el dispositivo para que identifique nuestra voz. Esto se hace leyendo varias palabras y frases, y el dispositivo “memoriza” nuestro tono de voz, sus características… Esto no sólo es para que funcione de un modo más eficaz, sino también por seguridad, para que sólo se active con nuestra voz, no con la voz de otro.

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Homilía III de Pascua-A

¿Nuestro corazón arde o apenas se nos tuesta?

VER:

Podemos ver en esta viñeta de Mafalda, que contempla a su padre, recién levantado, ojeroso, desgreñado, sin afeitar… y pregunta: “Mamá, cuando conociste a papá, ¿sentiste que te devoraban las llamas de la pasión, o apenas que algo se te tostaba?”.

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Homilía Sant Vicent Ferrer

Signos

VER:

Los signos forman parte de nuestra vida, en todos los niveles: personal, familiar, laboral, social… Ya sean materiales (indicadores, distintivos, rasgos, colores…) o inmateriales (gestos, palabras, posturas…), son señales, indicios… que nos orientan, o nos muestran algo que va a ocurrir o corroboran algo que ya está sucediendo. Los signos nos resultan necesarios a la hora de afrontar nuestras tareas y decisiones con confianza, tanto las más cotidianas como las más importantes.

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Homilía II de Pascua-A

Incrédulos

VER:

Hace una semana que estamos celebrando la Resurrección del Señor. Desde entonces estamos escuchando el anuncio del ángel: ¡Ha resucitado!, nos llegan mensajes sobre la alegría de la Pascua, vemos o escuchamos a creyentes que hablan con entusiasmo sobre la alegría de la Resurrección… Pero quizá descubramos que ese mensaje no provoca en nosotros la reacción que vemos en otros. Afirmamos creer en la Resurrección pero, tal vez, no experimentamos ese entusiasmo y nos sentimos “fuera” de todo ese torbellino pascual, porque por muchos testimonios que escuchemos afirmando la Resurrección de Jesús, parece que eso no es suficiente para nosotros, no lo acabamos de creer.

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Homilía Vigilia / Pascua – A

El cuerpo del delito

VER:

Lamentablemente, conocemos algunos casos de homicidio que han conmocionado a la opinión pública, en los cuales el presunto culpable no ha podido ser condenado porque no ha aparecido el cuerpo del delito. Sin embargo, en algunos casos sí podría dictarse sentencia sin necesidad de que aparezca el cadáver, porque “el cuerpo del delito” no es sólo el cuerpo, sino también las armas, instrumentos y efectos personales encontrados en la escena del crimen y que hayan tenido relación con el hecho. Por tanto, si las pruebas son razonablemente suficientes, se puede dictar sentencia.

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