Sin vergüenza

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Muchas veces, cuando alguien de la parroquia ha asistido a un funeral, cuenta lo siguiente: “En la Misa sólo respondíamos dos o tres personas, el resto no sabían ni siquiera cuándo levantarse y sentarse. Me daba vergüenza ser yo la única que lo hacía”. Muchas de las personas que van a los funerales religiosos lo hacen para dar el pésame a la familia, ni tan siquiera entran o participan de la celebración, y los que entran no saben ni las respuestas ni las posturas a adoptar y se limitan a quedarse sentados como espectadores; y los pocos creyentes que habitualmente participan en la Eucaristía sienten vergüenza por “destacar” de ese modo delante de todos manifestando su fe.
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