Lo que hace el amor y lo que hacemos por amor
VER:
En mis años jóvenes había una canción del grupo “El Norte”, titulada Amores sin palabras, que trata sobre la historia de amor entre dos jóvenes; y en un momento dado la letra dice: “Su amor es lo primero”. Cuando amamos a alguien de verdad, nuestra vida se transforma, y parece que todo lo demás pasa a un segundo plano porque ese amor es lo primero. El amor nos “descentra” de nosotros mismos para querer lo mejor para la persona amada. El amor nos da un conocimiento profundo de la otra persona hasta el punto que “no hacen falta palabras” entre los enamorados. Y el amor nos hace ir más allá de lo que por nosotros solos seríamos capaces, nos lleva a entregarnos desde lo más sencillo y cotidiano hasta el extremo de dar la propia vida por la persona amada. Todo esto y más es lo que hace el amor en nosotros, y lo que nosotros hacemos por amor.
JUZGAR:
En este tercer Domingo de Pascua hemos escuchado en el Evangelio el relato de una nueva aparición de Jesús Resucitado a sus discípulos. Una aparición que se produce en las tareas cotidianas: Jesús se presentó en la orilla. Una aparición que incluso se produce en pleno fracaso: aquella noche no cogieron nada. Pero aun en la cotidianidad, en lo rutinario, en el fracaso, el amor actúa:
El amor hace que reconozcan al Señor: Aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro: Es el Señor.
El amor hace que, ante su presencia, todo lo demás pase a un segundo plano: Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. A Pedro ya no le importa la pesca, lo que le importa es ir al encuentro del Señor.
El amor da a los discípulos un conocimiento profundo del Amado, no necesitan palabras: Ninguno se atrevió a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Disfrutan de su compañía.
El amor es lo que movió a Jesús a entregar su vida, y ahora ese amor debe convertirse en un motor para los discípulos: ellos ahora deberán actuar también por amor. Así lo manifiesta Jesús al preguntar a Pedro tres veces: ¿me amas más que éstos… me amas… me quieres…? Recordándole con amor pero con claridad su triple negación, Jesús quiere que Pedro sea consciente de su amor, para que pueda ir más allá de lo que por él mismo es capaz.
Y el amor de Pedro, como el nuestro, es un amor con imperfecciones, no llegamos al extremo de Jesús; por eso como Pedro, nosotros no podemos más que responder con tristeza y humildad: Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero.
Pero esto para Jesús es suficiente, y del mismo modo que a Pedro, a nosotros, cuando le manifestamos nuestro amor, aunque sea imperfecto, también nos dice: Apacienta mis ovejas… Sígueme. El amor que Jesús Resucitado derrama sobre nosotros nos transforma y nos pone en marcha para ser testigos, apóstoles, del misterio de amor que es la muerte y resurrección de Jesús.
Y aunque estemos enamorados, lo cierto es que seguir a Jesús nos cuesta y puede resultar doloroso, como hemos escuchado en la 1ª lectura. Pero por amor podemos decir también: Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres, porque conocemos al Señor y sabemos que está con nosotros.
ACTUAR:
¿Qué ha supuesto para mí estar enamorado, qué cambios experimenté? ¿Qué he hecho por amor, hasta dónde he llegado? ¿Qué respondería a Jesús si me hiciese las mismas preguntas que a Pedro? ¿Sé reconocer la presencia del Resucitado en lo cotidiano, incluso en el fracaso? Cuando sé que voy a encontrarme con el Señor en la Eucaristía, ¿todo lo demás pasa a un segundo plano? ¿Soy capaz en la oración de manifestar al Señor un “amor sin palabras”, estando simplemente con Él? ¿A qué “ovejas” debo apacentar?
Dios es amor (1Jn 4, 8): no sólo nos ama, sino que “es” Amor. El tiempo de Pascua nos debe ayudar a ser conscientes de ese amor, a vivirlo y a enamorarnos de Él. El amor de Dios, el Amor que es Dios, es la fuerza que, cuando lo acogemos, nos va a transformar hasta el punto que todo lo demás pasa a un segundo plano; nos va a permitir conocerle y reconocerle en cualquier situación, buena o mala; nos va a hacer sentir unidos a Él sin necesidad de palabras; y por amor nos pondremos en marcha, yendo más allá de nosotros mismos “apacentando sus ovejas”, anunciando la Buena Noticia del Amor de Dios manifestado en Jesús Resucitado, salvación para todo el mundo.