Auditoría cuaresmal: Merece la pena
VER:
Este año hemos tomado como hilo conductor de la Cuaresma la idea de una auditoría, que es una revisión sistemática de una actividad o de una situación para evaluar el cumplimiento de las reglas o criterios objetivos a que aquellas deben someterse. Y nosotros vamos a someternos a una “auditoría cuaresmal”, para que el Señor nos ayude a revisar en profundidad nuestra actividad, nuestra situación, para que evaluemos el grado de cumplimiento de nuestro ser cristianos. A veces, empresas y entidades son reacias a una auditoría porque se tiene miedo a lo que pueda salir a la luz y a las consecuencias de la misma; y quizá nosotros también sintamos reparo a dejarnos auditar por Jesús: ¿Merece la pena? ¿No sería mejor dejarlo estar? ¿Qué consecuencias tendrá? JUZGAR:
La 2ª lectura nos invita a realizar una comparación: los que andan como enemigos de la cruz de Cristo: su paradero es la perdición… sólo aspiran a cosas terrenas. Nosotros, por el contrario, somos ciudadanos del cielo, de donde aguardamos un Salvador: el Señor Jesucristo. Él transformará nuestra condición humilde según el modelo de su condición gloriosa. Merece la pena, por tanto, dejarse auditar por el Señor y seguirle con fidelidad, porque de lo contrario, nos quedaremos sólo en las cosas terrenas, y estamos llamados a más.
En la 1ª lectura hemos escuchado que el Señor hizo alianza con Abrán en estos términos: A tus descendientes les daré esta tierra… Y en Jesús tenemos el cumplimiento de esa promesa, pero de un modo inesperado, que se manifiesta mediante su transfiguración.
Por una parte, Jesús está en continuidad con la antigua alianza, puesto que dos hombres conversaban con Él: eran Moisés y Elías, representando la ley y los profetas. Pero Jesús muestra que Dios cumple su promesa más allá de las cosas terrenas: Pedro y sus compañeros… vieron su gloria. Jesús es la Nueva Alianza, que nos promete no ya bienes terrenales sino participar en la misma gloria de Dios.
Merece la pena, por tanto, dejarse auditar por Jesús. Por eso también el Padre nos ha indicado: Éste es mi Hijo, el escogido. Escuchadlo. Escuchemos a Jesús y hagámosle caso para poder experimentar ya ahora momentos de transfiguración que nos hagan exclamar: qué hermoso es estar aquí.
ACTUAR:
¿Tengo miedo a dejarme auditar por Jesús? ¿Sé hacer un buen examen de conciencia? ¿Tengo presente lo que Jesús me ofrece en su Nueva Alianza? ¿Creo que merece la pena seguirle, o aspiro sobre todo a cosas terrenas? ¿Me gustaría tener experiencias de transfiguración, recuerdo alguna? ¿Cómo escucho a Jesús? ¿Llevo a la práctica lo que Él me indica?
En este tiempo de Cuaresma, dejémonos auditar por Jesús. Del 4 al 7 de marzo se iniciará la MISIÓN. Son 4 días de gracia y salvación, 4 días donde podremos “descubrir o fortalecer la adhesión a Cristo” y “avivar, con la fuerza del Espíritu Santo, la experiencia de Dios en cada uno de los que participemos en la misión”.
En nuestra oración, reflexionemos y comparemos lo que supone una vida sin Él, y lo que Él nos promete: el cumplimiento de toda esperanza humana, aunque haya que pasar por la cruz. Pero también debemos tener presente que, le sigamos o no, siempre habrá cruces en la vida terrenal. Y Cristo ha vencido la cruz, por eso con Él y en Él podemos vencer las cruces de la vida.
Quizá nos parezca que, aun dejándonos auditar, seguimos igual, que no cambiamos, como los discípulos que guardaron silencio y por el momento no contaron a nadie nada de lo que habían visto. Pero si nos mantenemos en el Señor, como decía san Pablo, si le escuchamos, Él irá transformando nuestra condición humilde según el modelo de su condición gloriosa. Iremos experimentando momentos de transfiguración hasta que un día lleguemos a compartir plenamente con Él su misma gloria.