
En la religión católica, la Iglesia invita a los fieles a rezar por los difuntos, y esto se puede hacer en cualquier momento del año, siempre que se sienta la necesidad. Sin embargo, existe un día que ha sido destinado especialmente para hacerlo: se trata de la conmemoración de los fieles difuntos, que se celebra el 2 de noviembre, justo un día después de la fiesta de Todos los Santos.
Como cristianos, podemos rezar por los difuntos y encomendarlos en nuestras oraciones, sabiendo que las almas de los creyentes, vivos o muertos, forman un solo cuerpo, por medio de la comunión de los santos. Y aquí nuestra fe juega un papel esencial, ya que nos permite mantener viva la esperanza de la vida eterna, confiando en que la muerte es pasajera, y no puede romper este hermoso vínculo.
Al respecto, San Agustín, en un texto que suele leerse en los funerales, se refirió diciendo: “La vida es lo que siempre fue: el hilo no se ha cortado, ¿Por qué habría de estar yo fuera de tus pensamientos? ¿sólo porque estoy fuera de tu vista? No estoy lejos… tan solo a la vuelta del camino…”
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