Aunque no hagan caso
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Una persona anciana se lamentaba: “Ninguno de mis hijos viene a la parroquia. Y mis nietos están sin bautizar. Con el ejemplo que han visto en casa, y con tanto que hemos procurado que vengan a la parroquia para educarlos en la fe, y también los hemos llevado a colegios religiosos… Y nada. Son buenos chicos, pero no quieren saber nada de Dios ni de la Iglesia.” Este lamento, en mayor o menor grado, podríamos hacerlo nuestro cualquiera de nosotros, porque salvo pocas excepciones, la mayoría de nuestros familiares no profesan la fe cristiana, como mucho una fe sociológica. Aunque efectivamente no hayan apostatado, en la práctica sí que lo han hecho, es como nos dice el Papa Juan Pablo II, una apostasía silenciosa, dejando de lado todo aquello que de pequeños en su casa recibieron referente a la fe. En el mejor de los casos, respetan a quienes siguen viviendo de acuerdo con la fe cristiana, pero no quieren saber nada al respecto.
Esta situación es causa de tristeza y preocupación en los miembros de la familia que sí viven su fe, y se preguntan qué han hecho mal para que los de su entorno más cercano no quieran saber nada de Cristo ni de su Iglesia. Y también se cuestionan qué pueden hacer. Sigue leyendo