Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía XIV del TO-B

Aunque no hagan caso

 Descargar homilía

VER:

Una persona anciana se lamentaba: “Ninguno de mis hijos viene a la parroquia. Y mis nietos están sin bautizar. Con el ejemplo que han visto en casa, y con tanto que hemos procurado que vengan a la parroquia para educarlos en la fe, y también los hemos llevado a colegios religiosos… Y nada. Son buenos chicos, pero no quieren saber nada de Dios ni de la Iglesia.” Este lamento, en mayor o menor grado, podríamos hacerlo nuestro cualquiera de nosotros, porque salvo pocas excepciones, la mayoría de nuestros familiares no profesan la fe cristiana, como mucho una fe sociológica. Aunque efectivamente no hayan apostatado, en la práctica sí que lo han hecho, es como nos dice el Papa Juan Pablo II, una apostasía silenciosa, dejando de lado todo aquello que de pequeños en su casa recibieron referente a la fe. En el mejor de los casos, respetan a quienes siguen viviendo de acuerdo con la fe cristiana, pero no quieren saber nada al respecto.

Esta situación es causa de tristeza y preocupación en los miembros de la familia que sí viven su fe, y se preguntan qué han hecho mal para que los de su entorno más cercano no quieran saber nada de Cristo ni de su Iglesia. Y también se cuestionan qué pueden hacer.

JUZGAR:

Por eso, frente a esta situación tan común, contemplar hoy a Jesús en el Evangelio sufriendo algo similar supone para nosotros un consuelo y una esperanza. El propio Jesús experimenta lo que supone que sus propios parientes le cuestionen y les resulte escandaloso lo que Él dice, hasta tal punto que no pudo hacer allí ningún milagro… Y se extrañó de su falta de fe.

Pero de Jesús también aprendemos hoy cómo afrontar este tipo de situaciones. Lo primero que Él nos enseña es a no culpabilizarnos, pensando qué hemos hecho mal, sino a respetar la libertad del otro, aceptando, aunque no nos guste, que puede aceptar o rechazar lo que se le anuncia.

Lo segundo que Jesús nos enseña es a no dejar que esa situación nos paralice, viviendo nuestra fe de un modo vergonzante, sino a recordar que no desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa. Y por eso, aunque nuestro entorno más cercano no nos haga caso, como ya avisaba el Señor al profeta Ezequiel en la 1ª lectura, no debemos ser insistentes y pesados, queriendo convencerles a toda costa. Jesús nos enseña por una parte a seguir haciendo en nuestro entorno más cercano lo que podamos y nos dejen, como Él, que sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos; y por otra parte, nos invita a seguir ofreciendo nuestro testimonio y compromiso cristiano en otros ámbitos, como Él, que puesto que en su pueblo fue rechazado, recorría los pueblos de alrededor enseñando.

Quizá, como apuntaba san Pablo en la 2ª lectura, ese “fracaso” en nuestro entorno más cercano es permitido por el Señor para que no tenga soberbia. Así, experimentar nuestra limitación y nuestra incapacidad en la misión evangelizadora, incluso nuestro fracaso, puede ser la ocasión de experimentar también que la fuerza se realiza en la debilidad, que así residirá en mí la fuerza de Cristo.

ACTUAR:

¿He vivido o vivo una situación similar a la de la persona que decíamos al comienzo? ¿Cómo me hace sentir? ¿Cuál es mi reacción? ¿Sé respetar la libertad del otro para aceptar o rechazar el Evangelio? ¿Vivo mi fe de un modo vergonzante, o con naturalidad y alegría, aunque me cuestionen?

No es fácil manifestarse hoy como cristianos, pero el Señor cuenta con nuestro testimonio. Por nuestro bautismo, todos somos profetas, como Ezequiel en la 1ª lectura, todos hemos recibido el Espíritu de Dios que nos capacita para ello. Apoyémonos en el Señor para que Él manifieste su fuerza en nosotros, seamos coherentes, sigamos celebrando, formando y viviendo nuestra fe con alegría, sin imponerla pero tampoco de un modo vergonzante, con naturalidad, sin ocultarnos, para que se cumpla lo que el Señor dijo a Ezequiel y hoy también nos dice a nosotros: A ellos te envío para que les digas: ‘Esto dice el Señor’. Ellos, te hagan caso o n o te hagan caso, sabrán que hubo un profeta en medio de ellos.

Los comentarios están cerrados.