Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet


Homilía Santa María, Madre de Dios

Nuestra felicitación de año nuevo

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La frase que hoy más se va a escuchar es: “¡Feliz año nuevo!” Una frase que otros años hemos dicho “porque toca decirlo”, pero que este año va a estar cargada de un verdadero deseo de que el nuevo año sea realmente “feliz”. Hoy expresamos ese deseo pero la incertidumbre que desde hace meses se ha adueñado de nuestra vida hace que no sepamos cómo se concretará esa felicidad: en la efectividad de la vacuna, en la recuperación económica, en la vuelta a la anterior normalidad… Como dijeron los obispos españoles en su Nota con motivo de la fiesta de la Sagrada Familia, estamos viviendo “un tiempo en el que se ponen a prueba nuestras convicciones y la profundidad de las mismas, un tiempo en el que muchas de nuestras seguridades se desmoronan y en el que estamos llamados a dar una respuesta”. Sigue leyendo


Homilía Sagrada Familia-B

Ser familia y amar a la familia

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Este año, debido a las necesarias restricciones y medidas sanitarias, ha habido mucho debate acerca de cómo se podrían organizar las reuniones familiares. Y algo resultaba chocante: desde hace años estamos constatando la crisis que padece la familia, y también que otros años las reuniones propias de estos días eran vistas a veces como una carga, algo que hay que hacer casi “por obligación”, “porque toca”; sin embargo, este año parecía que a muchos se les ha despertado un repentino y profundo “amor a la familia”, y el hecho de no poder reunirse para la cena de Nochebuena o Navidad era algo dramático, no podían vivir sin esas reuniones. Sigue leyendo


Homilía Navidad-B

Esta Navidad es “rara”

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Desde hace meses, cuando nos encontramos con alguien y le preguntamos cómo está, cómo le va… nos encontramos con una respuesta bastante común: “Bien, dentro de lo raro que es todo ahora”. Es verdad que, debido a la pandemia, estamos viviendo una época en la que las necesarias medidas de prevención, junto con el vuelco social y económico que se ha producido, hacen que no sólo nuestra actividad habitual se haya vuelto “rara”, sino que nosotros mismos nos sintamos “raros”. Y esto se aplica también a la Navidad: a pesar de que en los supermercados ya hace tiempo que hay turrones, a pesar de las luces en las calles, a pesar de las películas en televisión, a pesar de la publicidad… este año, la Navidad también es “rara”. Sigue leyendo


Homilía IV de Adviento-B

¿Contará o no contará?

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A principios de diciembre, coincidiendo con la primera semana de Adviento, se estaba debatiendo si, para Navidad, se permitirían los desplazamientos entre comunidades autónomas. Y también se debatía el número máximo de familiares que se podrían reunir. Y, dentro de este tema, uno de los grandes puntos de discusión y preocupación era si los niños iban a contar para el número máximo de personas que podrían reunirse. Algunos opinaban que sí deberían contar; otros que, si eran menores de cierta edad, no tendrían que contar; y otros decían que, si se sentaban aparte, no deberían contar, pero que si se sentaban en la misma mesa, sí que debían contar. Mucha gente se pregunta cómo se van a organizar, cómo hacer los preparativos, pero más allá de lo que finalmente quede establecido por las autoridades, hay algo en lo que todos coinciden: en la necesidad de ser responsables a la hora de participar en las celebraciones. Sigue leyendo


Homilía III de Adviento-B

El Desconocido

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A pesar de tanta facilidad como tenemos actualmente para acceder a la información en general, hay mucho desconocimiento incluso en lo que respecta a nuestra vida cotidiana y nuestro entorno. Los padres no conocen muchos aspectos de la vida de sus hijos cuando éstos llegan a la adolescencia, ni los hijos conocen las historias familiares. Tampoco es frecuente saber, al menos, los nombres de nuestros vecinos de escalera. Sobre todo en las ciudades, es muy común desconocer las calles de nuestro barrio excepto las dos o tres por las que nos movemos, y también es muy común desconocer monumentos, museos u otros lugares de nuestra ciudad. Por eso, cuando alguna circunstancia hace que tengamos conocimiento de estas personas y realidades, nos llevamos una sorpresa, porque las hemos tenido ahí, muy cerca, y no las conocíamos. Sigue leyendo


Homilía de la Inmaculada-B

Mascarilla y gel hidroalcohólico

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Al iniciarse la pandemia, se nos dieron muchos consejos para adoptar medidas higiénicas tanto en lo personal como en los domicilios, lugares de trabajo, etc., unas medidas que hemos seguido manteniendo. Y por eso, según algunos estudios, este año la gripe común va a tener menos incidencia debido a esas medidas de prevención que hemos adoptado para protegernos del coronavirus, principalmente el uso de mascarilla y la higiene de manos. La mayor limpieza que procuramos tener nos protege de muchos modos y, por eso, a partir de ahora y aunque pase la pandemia, deberíamos seguir siendo muy cuidadosos en cuanto a la higiene y limpieza, porque nunca sabemos cuándo nos veremos expuestos a cualquier tipo de infección. Sigue leyendo


Homilía II de Adviento-B

Hablar al corazón

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Visto desde la óptica del “primer mundo”, hacía muchos años que no necesitábamos escuchar, como lo necesitamos ahora, palabras de consuelo, de ánimo y de esperanza. Desde el “primer mundo”, sabíamos que hay personas que padecen mucho, que hay hambre, guerras, pobreza… pero esos problemas no se sentían como propios; se consideraba erróneamente que “eso les pasaba a otros”. La pandemia del coronavirus nos ha hecho caer en la cuenta de que, más allá de nuestras diferencias, todos somos seres humanos y, por tanto, compartimos la misma fragilidad y, aunque en diferentes grados, todos estamos expuestos a cualquiera de esos males que azotan el mundo. Sigue leyendo


Homilía I Adviento-B

Ojalá… 

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En la lengua española tenemos una palabra que expresa un vivo deseo de que suceda algo: “Ojalá”. La utilizamos en múltiples circunstancias, tanto personales como sociales: “Ojalá llegue a tiempo, ojalá apruebe la oposición, ojalá acabe pronto, ojalá me toque la lotería, ojalá…” Y en las actuales circunstancias provocadas por la pandemia, hay otros “ojalá” que añadir a la lista: “Ojalá acabe esto, ojalá la vacuna salga pronto, ojalá la economía mejore, ojalá la gente sea más responsable…” Lo que pasa es que, al menos en lo que se refiere a los grandes problemas, decimos “ojalá” sin mucho convencimiento, porque en el fondo no esperamos que se cumpla ese deseo: lo que vivimos cada día, lo que escuchamos o leemos en las noticias… no mueve precisamente a la esperanza. Estamos comprobando cómo los medios e iniciativas humanas, aun siendo positivos, resultan insuficientes. La pandemia nos ha hecho recordar una realidad que habitualmente no tenemos en cuenta: que, a pesar de todos nuestros avances y logros, somos criaturas, somos seres limitados. Sigue leyendo


Homilía Jesucristo, Rey del Universo-A

Inconscientes o conscientes

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Es muy probable que hayamos tenido la experiencia de que alguien nos haya dicho algo similar a esto: “Tú no te acordarás, pero hace años me dijiste una cosa que me hizo mucho bien, y no se me ha olvidado”. Seguro que todos recordamos alguna palabra o gesto que alguien tuvo con nosotros y que supuso una gran ayuda, y por mucho tiempo que pase no lo olvidamos y lo seguimos recordando con agradecimiento. Pero también se da el caso contrario; alguien nos puede decir algo similar a esto: “Tú no te acordarás, pero hace años me dijiste una cosa que me hizo mucho daño, y no se me ha olvidado”. Y seguro que todos recordamos también alguna palabra o gesto que alguien tuvo con nosotros y que nos afectó negativamente, y por mucho tiempo que pase no lo olvidamos y lo seguimos recordando con dolor y acritud. Porque aunque no seamos conscientes de ello, nuestras palabras y actos tienen una trascendencia mucho mayor de lo que imaginamos. Sigue leyendo


Homilía XXXIII del TO-A

Tiende la mano al pobre

VER:

Un sentimiento muy común, ante los graves problemas de todo tipo que aquejan a la humanidad, es el sentimiento de impotencia. Son tantas las necesidades, tantos los dramas, tantas las cosas que no están bien, que nos vemos incapaces de hacer algo, ni siquiera encontrar un cauce de solución. Y aun en el caso de intentar hacer algo, es a costa de mucho esfuerzo personal y material, sin que realmente se perciban mejoras. Se tiene la impresión de que todos los esfuerzos se estrellan contra un muro inamovible, y ante ese sentimiento de impotencia, la reacción suele ser centrarse uno en sus propios asuntos y no querer plantearse otros temas, a no ser que nos afecten directamente.

JUZGAR:

Uno de esos grandes problemas es el de los pobres. Hoy celebramos la Jornada Mundial de los Pobres, instituida por el Papa Francisco para que en todo el mundo las comunidades cristianas se conviertan cada vez más y mejor en signo concreto del amor de Cristo por los últimos y los más necesitados. En esta cuarta edición, el lema de esta Jornada es: “Tiende la mano al pobre”.

Como indica el Papa al comienzo de su Mensaje, “la pobreza siempre asume rostros diferentes, que requieren una atención especial en cada situación particular; en cada una de ellas podemos encontrar a Jesús, el Señor, que nos reveló estar presente en sus hermanos más débiles” (cf. Mt 25,40). Por eso, “`Tiende la mano al pobre´ es una invitación a la responsabilidad y un compromiso. La libertad que nos ha sido dada con la muerte y la resurrección de Jesucristo es para cada uno de nosotros una responsabilidad para ponernos al servicio de los demás, especialmente de los más débiles. No se trata de una exhortación opcional, sino que condiciona la autenticidad de la fe que profesamos”. (8)

Estamos celebrando la Eucaristía, fuente y cima de la vida cristiana, y el Papa nos recuerda que “La oración a Dios y la solidaridad con los pobres y los que sufren son inseparables. Para celebrar un culto que sea agradable al Señor, es necesario reconocer que toda persona, incluso la más indigente y despreciada, lleva impresa en sí la imagen de Dios”. (2) Y la 1ª lectura, por medio de la mujer hacendosa, nos ha invitado a hacer como ella, que abre sus manos al necesitado y extiende el brazo al pobre. Si nos tomamos en serio la fe cristiana, “el encuentro con una persona en condición de pobreza siempre nos provoca e interroga. ¿Cómo podemos ayudar a eliminar o al menos aliviar su marginación y sufrimiento? ¿Cómo podemos ayudarla en su pobreza espiritual?”. (4)

Y es verdad que a menudo nos ocurre lo que hemos dicho: nos sentimos impotentes para actuar, por eso el Papa nos dice: “Las malas noticias son tan abundantes en las páginas de los periódicos, en los sitios de internet y en las pantallas de televisión, que nos convencen que el mal reina soberano. No es así. Es verdad que está siempre presente la maldad y la violencia, el abuso y la corrupción, pero la vida está entretejida de actos de respeto y generosidad que no sólo compensan el mal, sino que nos empujan a ir más allá y a estar llenos de esperanza”. (5)

Por eso este domingo, en esta Jornada Mundial de los Pobres, el Señor nos ha ofrecido en el Evangelio la parábola de los talentos, recordándonos que todos tenemos algún talento: “Tender la mano hace descubrir, en primer lugar, a quien lo hace, que dentro de nosotros existe la capacidad de realizar gestos que dan sentido a la vida”. (5) Todos podemos aportar algo, todos podemos “tender la mano al pobre”. No nos es lícito “enterrar nuestro talento”, quedándonos sin hacer nada: “La comunidad cristiana está llamada a involucrarse en esta experiencia de compartir, con la conciencia de que no le está permitido delegarla a otros. No podemos sentirnos “bien” cuando un miembro de la familia humana es dejado al margen y se convierte en una sombra. El grito silencioso de tantos pobres debe encontrar al pueblo de Dios en primera línea, siempre y en todas partes”. (4)

ACTUAR:

¿Sufro de ese sentimiento de impotencia ante los problemas que nos aquejan? ¿Qué significa para mí esta Jornada Mundial de los Pobres? ¿Cómo “tiendo la mano al pobre”, cómo “negocio” con mi talento? ¿Lo veo como algo opcional, o me siento directamente cuestionado?

Lamentablemente no está en nuestra mano solucionar los graves y complejos problemas que aquejan a la humanidad. Pero sí que podemos, todos, “tender la mano al pobre”: “¡Cuántas manos tendidas se ven cada día! Lamentablemente, sucede cada vez más a menudo que la prisa nos arrastra hasta el punto de que ya no se sabe más reconocer todo el bien que cotidianamente se realiza en el silencio y con gran generosidad”. (5)

Pidamos al Señor que sepamos “negociar” con nuestro talento personal para “tender la mano al pobre” en lo sencillo y cotidiano, porque “la finalidad de cada una de nuestras acciones no puede ser otra que el amor. Éste es el objetivo hacia el que nos dirigimos y nada debe distraernos de él. Este amor es compartir, es dedicación y servicio” (10). Y así, cuando lleguemos a su presencia, el Señor pueda decirnos, como en la parábola: Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor. Como has sido fiel en lo poco, pasa al banquete de tu señor.

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