Nuestra felicitación de año nuevo
VER:
La frase que hoy más se va a escuchar es: “¡Feliz año nuevo!” Una frase que otros años hemos dicho “porque toca decirlo”, pero que este año va a estar cargada de un verdadero deseo de que el nuevo año sea realmente “feliz”. Hoy expresamos ese deseo pero la incertidumbre que desde hace meses se ha adueñado de nuestra vida hace que no sepamos cómo se concretará esa felicidad: en la efectividad de la vacuna, en la recuperación económica, en la vuelta a la anterior normalidad… Como dijeron los obispos españoles en su Nota con motivo de la fiesta de la Sagrada Familia, estamos viviendo “un tiempo en el que se ponen a prueba nuestras convicciones y la profundidad de las mismas, un tiempo en el que muchas de nuestras seguridades se desmoronan y en el que estamos llamados a dar una respuesta”.
JUZGAR:
Porque en este primer día del Año, celebrando a la Virgen María como Madre de Dios, los cristianos también deseamos un feliz año nuevo. Pero no como un simple deseo indeterminado: nuestra felicidad y la felicidad que deseamos a otros es Jesucristo, el Señor, el Hijo de Dios hecho hombre que ha nacido entre nosotros. Mientras sentimos que nuestras seguridades y nuestro mundo se han desmoronado, la antífona de comunión de la Eucaristía de hoy nos recuerda: “Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre” (Hb 13, 8). Por eso nuestra felicitación de año nuevo es la que hemos escuchado en la primera lectura: El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor; el Señor se fije en ti y te conceda la paz.
Nuestra felicitación de año nuevo, en medio de la Navidad, es recordar, vivir y anunciar que cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer… para que recibiéramos el ser hijos por adopción… Así que ya no eres esclavo, sino hijo… (2ª lectura)
Y por eso hoy, en este primer día del nuevo año, contemplamos a María como Madre de Dios, para aprender de Ella a ser portadores de la verdadera felicitación, de la Buena Noticia que es su Hijo, porque “Ella recibió ante la Cruz esta maternidad universal (cf. Jn 19,26) y está atenta no sólo a Jesús sino también «al resto de sus descendientes» (Ap 12, 17). Ella, con el poder del Resucitado, quiere parir un mundo nuevo” (FT 278).
Como indica el Tema 33 del Itinerario de Formación Cristiana para Adultos “Ser cristianos en el corazón del mundo”, “María va a vivir su maternidad de un modo singular: ella es consciente de que este Hijo suyo, que es el Hijo de Dios, se le ha dado a Ella, pero no se le ha dado para Ella, sino que es un regalo de Dios para toda la humanidad”. Igual que María, nosotros debemos vivir nuestra fe en Jesucristo conscientes de que esa fe no es algo privado e intimista, sino que es “católica”, universal, abierta a los demás.
La misión maternal de María no se agota en el momento de la concepción y del nacimiento de Jesucristo… La generosidad que Dios le pide a María no tiene un carácter puntual ni se reduce a un momento de su vida, sino que abarca todos los momentos de su existencia”. Nuestra felicitación de año nuevo no se reduce a hoy, o a los próximos días, sino que, a lo largo de todo el año y en toda circunstancia, debemos seguir ofreciendo nuestra felicitación a los demás proponiéndoles a Jesucristo como el único que permanece ayer, hoy y siempre.
Y aunque María es la Madre de Dios, “experimentó también la oscuridad y el dolor a lo largo de su peregrinación creyente. Su camino no es el de alguien que lo tiene todo claro desde un primer momento, sino el camino de quien se ha entregado a Dios y acepta todas las consecuencias de su decisión. Incluso las consecuencias humanamente imprevisibles”. La fe en Jesucristo no nos exime de la incertidumbre propia de nuestra existencia porque no podemos prever el futuro, pero María nos enseña a conservar todas estas cosas meditándolas en nuestro corazón, para que el Señor nos vaya indicando el camino a seguir día tras día.
ACTUAR:
Hoy decimos “¡Feliz año nuevo!” pero con el deseo de que nuestra felicitación se prolongue a lo largo de los próximos meses recordando, como dice el Papa Francisco que “cada día se nos ofrece una nueva oportunidad, una etapa nueva. No tenemos que esperar todo de los que nos gobiernan, sería infantil. Gozamos de un espacio de corresponsabilidad capaz de iniciar y generar nuevos procesos y transformaciones. Seamos parte activa en la rehabilitación y el auxilio de las sociedades heridas” (FT 77). Que María, la Madre de Dios y Madre nuestra, que “cuida de los hermanos de su Hijo que todavía peregrinan y viven entre angustias y peligros” (LG 62), nos guíe y acompañe a lo largo de todo este nuevo año para que nuestra felicitación sea Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, a quien debemos ofrecer con obras y palabras.
