No valen nuestras excusas

VER:
Una persona de mediana edad me dijo hace tiempo: “Cuando ya esté jubilada, entonces me acercaré a la parroquia y colaboraré”. Pero esta persona falleció antes de jubilarse, con lo cual nunca se comprometió en su parroquia. Muchas veces posponemos nuestro compromiso cristiano hasta que se cumplan una serie de condiciones: “Cuando me toque la lotería daré más para Cáritas”; “Cuando tenga a mis hijos criados seré catequista”; “Cuando termine los estudios me uniré a algún grupo”… En muchos casos, estos argumentos no son sino excusas porque en realidad no queremos comprometernos. Otras veces apelamos a supuestas o reales carencias: “Es que no sé… Es que no me atrevo… Soy muy torpe… ¿Quién soy yo para dirigirme a otros…?” Y el tiempo va pasando y nunca damos un paso adelante para asumir nuestro compromiso cristiano. Sigue leyendo







