Santos anónimos

VER:
Una persona se encontraba bastante abatida; además de sus problemas personales, dijo que, al ver las noticias en televisión, aún se sentía peor: ‘¡Qué mal está todo, esto no tiene arreglo!’ Y no se puede negar la realidad: todo está muy mal, son muchos los problemas que nos afectan más o menos directamente, para los cuales sencillamente no encontramos ni se nos ofrece una salida, y parece que sólo nos queda aguantar. Pero, dentro de lo mal que está todo, también tenemos que ver a la denominada ‘mayoría silenciosa’, es decir, a la gran cantidad de gente anónima que no sale en las noticias, pero que con su trabajo y entrega logran que las cosas sigan adelante y no vayan peor todavía.
JUZGAR:
Hoy celebramos la solemnidad de Todos los Santos, de los conocidos y, sobre todo, de los santos que podemos denominar anónimos, desconocidos. Hoy se nos invita a fijarnos en esa “muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de todas las naciones, razas, pueblos y lenguas”. Personas que han hecho vida el Evangelio entregándose a los demás, a veces de un modo explícito como cristianos, y a veces también sin saberlo ellos mismos, aquéllos que el teólogo Karl Rahner llamó ‘cristianos anónimos’ porque en la práctica viven en la gracia de Cristo aun cuando (sin culpa por su parte) no saben de Cristo, no están bautizados y no pertenecen a la comunidad cristiana.
Y es cierto que todo está muy mal, pero esto ha de ser para nosotros una llamada no al fatalismo, sino a una mayor necesidad de santidad. Y esta llamada nos incumbe a todos, porque, como dijo el Papa Francisco: «Todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra». (Gaudete et exsultate 14) «Para un cristiano no es posible pensar en la propia misión en la tierra sin concebirla como un camino de santidad». (19)
Y oímos esto y pensamos que no es para nosotros, porque, como dijo el Papa León XIV, «a veces, los retos actuales pueden parecer superiores a nuestras posibilidades, pero no es así» (Homilía 1 noviembre 2025).
«Jesús explicó con toda sencillez qué es ser santos, y lo hizo cuando nos dejó las bienaventuranzas. En ellas se dibuja el rostro del Maestro, que estamos llamados a transparentar en lo cotidiano de nuestras vidas». (GE 63) «La palabra ‘bienaventurado’ pasa a ser sinónimo de ‘santo’, porque expresa que la persona que es fiel a Dios y vive su Palabra alcanza, en la entrega de sí, la verdadera dicha». (64) Y, si nos fijamos, las Bienaventuranzas no proponen un camino de santidad que quede alejado de nuestro día a día.
Ser pobres en el espíritu, es rechazar toda soberbia y estar abiertos a Dios y a los demás.
Ser mansos es fomentar la comprensión, no devolver mal por mal o insulto por insulto. (cfr 1Pe 3. 9)
Saber llorar es ver la realidad sin pretender ocultar o negar el dolor, sino afrontándolo cuando llega.
Tener hambre y sed de la justicia es no quedarse indiferente ante abusos e injusticias e implicarse y apoyar todas las iniciativas en favor de la justicia, aunque no siempre se vean resultados.
Ser misericordioso es saber acompañar y permanecer junto a quienes sufren de cualquier modo.
Ser limpio de corazón es buscar la coherencia, rechazar mentiras, engaños y doble moral.
Trabajar por la paz es rechazar todo tipo de violencia ya sea física, hablada o escrita, en los ambientes en que nos movemos, buscando la reconciliación e impulsando más lo que une que lo que separa.
Ser perseguido por causa de la justicia es aceptar que, por nuestra ‘hambre y sed de justicia’, por defenderla y luchar por ella, vamos a ser cuestionados y rechazados.
Y, por vivir en fidelidad al Evangelio, por nuestro compromiso con Dios, vamos a sufrir problemas, burlas y calumnias. Sin olvidar que en algunos países se sigue persiguiendo y matando a cristianos.
A cada Bienaventuranza podemos unir una situación, un rostro… que forma parte de nuestro entorno y que será la oportunidad de ir haciendo de nuestra vida un camino de santidad.
ACTUAR:
Todo está muy mal, vivimos tiempos de oscuridad en muchos aspectos, y buscamos una salida. La celebración de Todos los Santos nos muestra que, como dijo el Papa León, «La vida se ilumina no porque seamos ricos, bellos o poderosos. Se ilumina cuando uno descubre en su interior esta verdad: Dios me ha llamado, tengo una vocación, tengo una misión, mi vida sirve para algo más grande que yo mismo». Estamos llamados a ser ‘santos anónimos’. «Pidamos que el Espíritu Santo infunda en nosotros un intenso anhelo de ser santos para la mayor gloria de Dios y alentémonos unos a otros en este intento. Así compartiremos una felicidad que el mundo no nos podrá quitar». (GE 177)