«Uno es Cristo, unidos en la misión»

VER:
Desde hace años se ha agudizado la tendencia a la polarización de las personas: dividimos a la gente en bloques ideológicos por sus opiniones, creencias, apariencia… Y la polarización conlleva el encasillamiento: si piensas de tal modo, si perteneces a tal o cual grupo, si ves o lees determinados medios de comunicación… ‘tienes que ser’ de éste o aquel bloque ideológico, sin discusión. Y la polarización y el encasillamiento se traducen en rechazo y enfrentamiento hacia ‘el otro’.
JUZGAR:
Hoy la Palabra de Dios nos llama a que no nos dejemos arrastrar por la polarización y el encasillamiento. En la 1ª lectura hemos escuchado algo que, si no conocemos la historia, nos puede pasar desapercibido, pero es de suma importancia: “Esto dice el Señor a su Ungido, a Ciro: «Yo lo he tomado de la mano, para abrir ante él las puertas… aunque no me conocías»”. El profeta anuncia que Dios va a liberar a su pueblo por medio de un rey pagano. Y este rey, que no conoce a Dios, es llamado ‘Ungido’, un título propio de los reyes y profetas de Israel: esto era algo ‘escandaloso’ para los israelitas. Pero Dios no admite polarizaciones ni encasillamientos, y por eso va a realizar su plan de salvación incluso por medio de personas que no le conocen o creen en Él.
Y en el Evangelio nos hemos encontrado con una muestra de polarización y encasillamiento, la que hacen los fariseos “para comprometer a Jesús con una pregunta: ¿Es lícito pagar impuesto al César o no?” La respuesta no era fácil: si respondía que sí, sería tachado por la gente de colaboracionista con el poder opresor romano; si respondía que no, sería considerado por los romanos un revolucionario exaltado.
Pero Jesús no se deja arrastrar por la polarización y el encasillamiento, precisamente porque, como han dicho de Él en verdad los fariseos, sin pretenderlo: “enseñas el camino de Dios conforme a la verdad, sin que te importe nadie, porque no te fijas en las apariencias”. Y por esto mismo Jesús responde: “Dad al César lo que es del César y a Dios y lo que es de Dios”. Jesús no polariza ni encasilla a la gente como ‘pro-romanos’ y ‘anti-romanos’, sino que muestra que la fidelidad a Dios no es incompatible con el respeto hacia el poder político o económico. Y aunque para el creyente la fe en Dios es prioritaria, eso no significa que no se deba reconocer y valorar lo positivo que hay entre quienes no comparten nuestra fe.
Y esta llamada del Señor a no dejarnos arrastrar por la polarización y el encasillamiento, que tiene múltiples aplicaciones para nuestra vida cotidiana, también es importante para la Jornada del Domund que hoy celebramos, y que este año cumple su primer centenario, y cuyo lema es: ‘Uno en Cristo, unidos en la misión’. En su Mensaje, el Papa León señala con este lema que «de la unión con Cristo brota la comunión recíproca entre los creyentes y nace toda fecundidad misionera». Y, como hay diversos carismas y estilos de llevar adelante la misión evangelizadora, el Papa advierte que «en muchas situaciones asistimos a conflictos, polarizaciones, incomprensiones, desconfianza mutua. Cuando esto ocurre también en nuestras comunidades, se debilita su testimonio». Por eso, el Domund nos invita en primer lugar a «custodiar y alimentar la espiritualidad de comunión y colaboración, a mirar a nuestros hermanos y hermanas con ojos de fe, a reconocer el bien que el Espíritu suscita en cada uno, a acoger la diversidad como riqueza, porque la unidad misionera no debe entenderse como uniformidad, sino como convergencia de los diferentes carismas con el mismo objetivo: hacer visible el amor de Cristo e invitar a todos al encuentro con Él».
Y, en segundo lugar, puesto que Dios realiza su plan de salvación sirviéndose a veces de personas que no le conocen o incluso no creen en Él, el Domund también nos hace una llamada a cooperar con quienes llevan a cabo acciones buenas y justas que apoyan y favorecen la misión evangelizadora, aunque esas personas no sean creyentes, sin caer en polarizaciones ni encasillamientos.
ACTUAR:
En este centenario de la Jornada Mundial de las Misiones, recordemos especialmente lo que destacó el Papa Francisco: «Todos somos discípulos misioneros» (EG 120). Pero hoy, como dice el Papa León, con nuestra oración y apoyo económico, agradecemos «especialmente a los misioneros y misioneras que han dejado su tierra, su familia y toda seguridad para anunciar el Evangelio, llevando a Cristo y su amor a lugares a menudo difíciles, pobres, marcados por conflictos o culturalmente lejanos. Siguen entregándose con alegría a pesar de las adversidades y las limitaciones humanas, porque saben que Cristo mismo, con su Evangelio, es la mayor riqueza que se puede compartir. Con su perseverancia muestran que el amor de Dios es más fuerte que cualquier barrera».
Descargar Estudio de Evangelio