«Alzad la mirada»

VER:
Andar con la mirada baja puede tener diferentes significaciones: puede reflejar concentración, pero más a menudo es una manifestación de tristeza, cansancio, falta de confianza… Estamos tan agobiados por problemas y situaciones que sentimos que no tenemos fuerza ni ganas para mantener la mirada al frente y contemplar la realidad que nos rodea.
JUZGAR:
El lema de la visita del Papa León a España fue “Alzad la mirada”, extraído de Jn 4, 35. El contexto es el encuentro y diálogo entre Jesús y la mujer samaritana. La mujer vuelve al pueblo para anunciar lo que ha vivido y los samaritanos se acercan a conocer a Jesús. Al verlos venir, Él pronuncia las palabras: “Alzad la mirada y contemplad los campos, que ya están dorados para la siega”. Jesús utiliza una observación agrícola para indicar que la mies, la humanidad, está lista para recibir el Evangelio y salir al encuentro de Cristo. “Alzad la mirada”, por tanto, es una llamada a salir de uno mismo, de lo cotidiano, de los problemas y muchas veces del pesimismo que nos invade, para mirar alrededor, para reconocer los signos de esperanza y, sobre todo, la esperanza que no defrauda, que es Jesucristo Resucitado, como vimos durante la celebración del Jubileo ‘Peregrinos de esperanza’.
Pero como a menudo nos cuesta alzar la mirada, hoy celebramos la Asunción de la Virgen María, que, como indica la declaración dogmática, «cumplido el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celeste». En María encontramos un modelo a seguir para ‘alzar nuestra mirada’.
Ella era una joven cualquiera de una aldea bastante insignificante, desposada con otro joven, José, para formar una familia pobre y corriente, como tantas. Podemos decir que la mirada de María, su interés, estaría centrado en ese nivel ‘bajo’ de la vida cotidiana.
Pero María era una mujer de fe y por eso, cuando recibió el anuncio del ángel, fue invitada a abrirse a un plan mucho más grande y amplio que el que Ella tenía previsto: “Concebirás en tu vientre y darás a luz un Hijo, se llamará Hijo del Altísimo…” Y María ‘alzó la mirada’ y contestó: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”. Y ese ‘alzar la mirada’ transformó la vida de María: primero la movió a salir de su círculo, de interés inmediato, y “se levantó y se puso en camino de prisa… y saludó a Isabel”. Por ‘alzar la mirada’ también descubre y afirma la acción de Dios más allá de lo que vemos en apariencia: “Él hace proezas con su brazo, dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos…”.
Por ese ‘alzar la mirada’, María va viviendo el claroscuro de la fe, ‘conservando y meditando estas cosas en su corazón’. Y, sobre todo, al pie de la Cruz es capaz de seguir ‘alzando la mirada’ incluso ante la evidencia humana de la muerte, confiando en que “lo que te ha dicho el Señor se cumplirá”.
Hoy el Señor nos invita también a nosotros a ‘alzar la mirada’, y nos ofrece a María en su Asunción a los cielos, porque como diremos después en el Prefacio: «Ella es figura y primicia de la Iglesia, que un día será glorificada; ella es ejemplo de esperanza segura y consuelo del pueblo peregrino».
De María podemos aprender a ‘alzar la mirada’: viviendo desde la fe nuestras ocupaciones habituales, para estar abiertos a las llamadas de Dios; meditando en nuestro corazón los problemas y cansancios habituales para descubrir lo que Dios nos está pidiendo; estando disponibles para poner nuestros dones y capacidades al servicio de otros; descubriendo y afirmando la presencia y acción de Dios en medio de tantas situaciones negativas que nos rodean; y permaneciendo ‘al pie de la Cruz’, con dolor y lágrimas, pero con la mirada alzada hacia Dios, que cumple su promesa.
ACTUAR:
¿Suelo tener la ‘mirada baja’, me centro sobre todo en mis circunstancias y problemas? ¿Sé ‘alzar la mirada’ hacia Dios, para poder afrontar la realidad, con su dureza, pero con esperanza?
Por haber ‘alzado su mirada’, la Virgen María estuvo tan unida a Jesucristo en su misión salvadora que desde los primeros tiempos la Iglesia ha creído razonable que, como su Hijo, también Ella se viera inmune de la corrupción del sepulcro. Pidamos a María, por su Asunción a los cielos, que interceda por nosotros para que aprendamos a ‘alzar la mirada’, que nos sintamos ‘dichosos por haber creído’ y permanezcamos unidos a Jesucristo en cualquier circunstancia, para poder llegar también un día a la gloria celeste.