
Comparto estas palabras, de este libro «Del Principito a Cristo», que le dirigí a Jaime, en el funeral de su querida hermana Carmensín. Esa nueva estrella que en el cielo, en la Casa del Padre, seguirá acompañándonos, brillando y sonriendo
“Del Principito a Cristo”
Pensamiento 25
La consolación ¿Llorar o esperar?
Queda el silencio.
El recuerdo.
La estrella.
Y luego, a veces.
las lágrimas.
La partida del Principito (Carmensis)
no deja sólo un vacío.
Deja una pregunta:
¿qué hacer con este dolor?
¿Llorar o esperar?
¿Guardar silencio
o dejar hablar al corazón?
El aviador dice que lloró.
(también tú Jaime, lloras)
No lo oculta.
Mira la arena
luego el cielo.
Y en esta oscilación
entre la tierra y las estrellas,
busca una paz.
Una manera de habitar
la ausencia.
En los Evangelios.
el mismo Jesús llora.
Llora ante la tumba de Lázaro.
“Y Jesús lloró” (Juan 11, 35)
No porque no tenga esperanza,
sino porque ama.
Porque el amor verdadero pasa
también por las lágrimas.
Pero no se queda en las lágrimas
Llama:
“Lázaro, sal fuera” (Juan 11, 43).
Despierta.
Levanta.
Consuela actuando.
Su ternura no niega la pena,
pero la abre a la vida.
El Principito, (Carmensis)
por su parte,
preparó la consolación.
Avisó:
“Será como si aún estuviera aquí”.
Dio referencias.
Transformó el recuerdo
en promesa
Y la estrella en un signo.
Consolar no es borrar la tristeza.
Es darle una dirección.
Una luz.
Un sentido.
¿Y nosotros?
¿Qué hacemos con nuestras penas?
¿Las escondemos por pudor?
¿O las ofrecemos a Dios
para que Él las convierta
en semillas?
¿Aceptamos que las lágrimas
sean también
una forma de oración,
de fidelidad,
de amor?
Jesús promete:
“Dichosos los que lloran, porque serán consolados”
(Mateo 5, 4)
No dice: “No lloréis”.
Dice: vuestra pena es preciosa.
Será fecunda.
Dará fruto.
El aviador lloró.
(también tú Jaime, lloras)
Luego sonrió.
Luego miró las estrellas
y comprendió.
El Principito no volverá
como antes.
(Carmensin no volverá como antes)
Pero está ahí.
De otro modo.
Más profundamente.
Y en ese cielo donde brillan tantas estrellas mudas,
una sola, a veces,
empieza a reír.