Tras la presentación

VER:
Cuando nos presentan a alguien, la persona que lo hace nos dice su nombre, algún dato (parentesco, profesión, cargo que ocupa…) y tenemos un gesto hacia esa persona, que varía según la confianza: una sonrisa, un apretón de manos, un beso… A veces esta presentación se realiza sólo por un motivo ‘social’, para un momento o actividad determinados, y todo queda en un plano superficial. Pero otras veces, tras la presentación, surge un interés hacia quien nos han presentado, y queremos conocer mejor a esa persona, y comienza una relación más personal y profunda.
JUZGAR:
El 2 de febrero, cuarenta días después de la Navidad, celebramos la fiesta de la Presentación del Señor en el templo. Como hemos escuchado, “los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor… y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor?”. Al caer en domingo, esta fiesta sustituye litúrgicamente al Domingo IV del Tiempo Ordinario.
En algunos lugares se mantiene la costumbre de tener montado el Belén hasta el día de hoy, y en anteriores domingos hemos dicho que la verdadera Navidad no acaba, porque hemos celebrado al “Dios-con-nosotros”, y la fiesta de hoy nos invita a mantener esa continuidad de la Navidad.
Siguiendo con el ejemplo del principio, hoy podemos decir que unos personajes ‘nos presentan’ a Jesús, y se nos invita a reflexionar sobre cómo acogemos esta presentación:
En primer lugar, lo presentan María y José, que en este pasaje no dicen ni una palabra, pero están cumpliendo la ley del Señor con sencillez y fidelidad. ¿Qué personas ‘me han presentado a Jesús’ de un modo discreto, sencillo, callado, pero fiel en lo cotidiano? ¿Cómo han ayudado a mi fe?
Después, hemos encontrado a Simeón, “hombre justo y piadoso…”. Simeón es un hombre con una vida espiritual profunda, por eso se resalta que “el Espíritu Santo estaba con él. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo”. ¿Conozco a personas con una profunda espiritualidad, a las que se les nota que el Espíritu Santo está con ellas? ¿Tengo en cuenta sus palabras?
Y por último está “una profetisa, Ana, ya muy avanzada en años; no se apartaba del templo, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones noche y día… y hablaba del niño a todos”. En nuestras comunidades parroquiales hay muchas personas, sobre todo mujeres de edad avanzada, que a pesar de ello sirven cada día a Dios. A menudo se encargan del orden y limpieza de los ornamentos y otros elementos litúrgicos, o bien dirigen el rezo del Santo Rosario y otros actos de devoción, y se puede contar con su presencia en todo lo que organice la parroquia. ¿Valoro su servicio y su experiencia de fe sencilla pero fuerte?
Aunque ya nos encontramos con el Señor en Navidad, hoy nos es presentado ‘oficialmente’: ¿Qué vamos a hacer ahora? Si la Navidad fue para nosotros sólo algo ‘social’, basado en unos días de comidas o cenas con familiares y amigos e intercambio de regalos, probablemente la relación con el Señor no pasará de ser algo superficial, limitado a momentos puntuales, sin incidencia en mi vida.
Pero si en Navidad hemos procurado celebrar el encuentro con el “Dios-con-nosotros”, ahora probablemente querremos conocerle mejor, y buscaremos una relación personal y profunda con Él, aprovechando las indicaciones y oportunidades que se ofrecen desde la comunidad parroquial para crecer y madurar en la fe, que es la respuesta que damos a la presentación del Señor.
ACTUAR:
Cuarenta días después, ¿qué recuerdo me queda de la Navidad? ¿He procurado dar continuidad a lo que estuvimos celebrando? ¿Qué significa para mí esta fiesta de hoy? ¿Me centro en lo esencial, en que el Señor me es presentado ‘oficialmente’ para que, si quiero, pueda tener una relación personal y profunda con Él? ¿O lo único que me preocupa es lo menos importante, el gesto de las candelas?
Decía el Evangelio que “cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a su ciudad de Nazaret. El niño, por su parte, iba creciendo y robusteciéndose…”. Ojalá, en nuestro ‘Nazaret’ particular, en donde desarrollamos nuestra vida cotidiana, vaya creciendo y robusteciéndose nuestra relación personal con el “Dios-con-nosotros”, y así poder compartir la experiencia de esos ‘marías, josés, simeones y anas’ que con sus palabras y obras, y también silencios, nos presentan al Señor cada día.