Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía del Miércoles de Ceniza-C

Luchar contra el misterio del mal

Miércoles Ceniza

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VER:

Hace poco más de una semana tuvo lugar en Roma, promovido por el Papa, el Encuentro sobre “La protección de los menores en la Iglesia”. El Papa ha dicho al respecto: “La universalidad de esta plaga…no disminuye su monstruosidad dentro de la Iglesia. La inhumanidad del fenómeno a escala mundial es todavía más grave y más escandalosa en la Iglesia (…) En los abusos, nosotros vemos la mano del mal que no perdona ni siquiera la inocencia de los niños. No hay explicaciones suficientes para estos abusos en contra de los niños. Humildemente y con valor debemos reconocer que estamos delante del misterio del mal”.

Y en su Mensaje para la Cuaresma de este año, indica: “La causa de todo mal es el pecado, que desde su aparición entre los hombres interrumpió la comunión con Dios, con los demás y con la creación (…) Cuando se abandona la ley de Dios, la ley del amor, acaba triunfando la ley del más fuerte sobre el más débil”. Es decir, el misterio del mal, alimentado por el pecado personal y comunitario, se hace presente de diferentes formas y es obligación nuestra, como cristianos, luchar contra el mal, dentro y fuera de la Iglesia.

JUZGAR:

Todos estamos implicados en esta lucha. Y hoy comenzamos la Cuaresma, un tiempo de conversión y purificación tanto individual como comunitaria. Y por tanto, la conversión y purificación de quienes somos y formamos la Iglesia conllevará también una mejora de la sociedad.

Iniciar y vivir la Cuaresma no puede quedarse sólo en una serie de ritos, prácticas y devociones. La Cuaresma es el “tiempo de gracia y salvación” que Dios nos ofrece para que recuperemos la imagen de Dios en nosotros, para que lleguemos a ser con plenitud hijos de Dios» (Prefacio I de Cuaresma).

Porque cuando no vivimos como hijos de Dios, a menudo tenemos comportamientos destructivos hacia el prójimo y las demás criaturas –y también hacia nosotros mismos-, al considerar, más o menos conscientemente, que podemos usarlos como nos plazca (…) y eso lleva a un estilo de vida que viola los límites que nuestra condición humana y la naturaleza nos piden respetar, y se siguen los deseos incontrolados.

Para luchar contra el misterio del mal, necesitamos individualmente, como Iglesia y como miembros de la sociedad, vivir como hijos de Dios, “restaurar nuestro rostro y nuestro corazón de cristianos, mediante el arrepentimiento, la conversión y el perdón”.

La Cuaresma, hoy más que nunca, pide de nosotros un compromiso de “emprender con decisión el “trabajo” que supone la conversión (…) es una llamada a los cristianos a encarnar más intensa y concretamente el misterio pascual en su vida personal, familiar y social, en particular mediante el ayuno, la oración y la limosna:

Ayunar, o sea, aprender a cambiar nuestra actitud con los demás, la tentación de “devorarlo” todo para saciar nuestra avidez”, del tipo que sea.

Orar, para saber renunciar a la idolatría y a la autosuficiencia de nuestro yo, y declararnos necesitados del Señor y de su misericordia.

Dar limosna, para salir de la necedad de vivir y acumularlo todo para nosotros mismos”.

ACTUAR:

El Papa dijo al comienzo del Encuentro: “El Pueblo santo de Dios nos mira y espera de nosotros, no sólo simples y obvias condenas, sino disponer medidas concretas y efectivas. Es necesario concreción”.

Si queremos de verdad luchar contra el misterio del mal, presente en la Iglesia y en el mundo, no podemos vivir la Cuaresma de forma superficial, como “una tradición más”; debemos concretar en nuestra vida ordinaria “las medidas espirituales que el mismo Señor nos enseña: humillación, acto de contrición, oración, penitencia. Esta es la única manera para vencer el espíritu del mal. Así lo venció Jesús”.

Recibir la ceniza debe ser verdaderamente un signo externo de nuestra decisión de iniciar nuestro proceso de conversión y purificación. Si no es así, no vale la pena recibirla, porque será un gesto vacío, nos estaremos engañando a nosotros mismos y, peor aún, pretenderemos engañar a Dios.

Tengamos bien presentes las palabras finales del Mensaje del Papa: “No dejemos transcurrir en vano este tiempo favorable. Pidamos a Dios que nos ayude a emprender un camino de verdadera conversión. Abandonemos el egoísmo, la mirada fija en nosotros mismos, y dirijámonos a la Pascua de Jesús; hagámonos prójimos de nuestros hermanos y hermanas que pasan dificultades, compartiendo con ellos nuestros bienes espirituales y materiales. Así, acogiendo en lo concreto de nuestra vida la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte, atraeremos su fuerza transformadora también sobre la creación”.

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