Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía VII del TO-C

Nuestro modelo de identificación

07 TO-C

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VER:

A lo largo de nuestra vida, las personas tenemos, y necesitamos, lo que se conoce como “modelos de identificación”: personas que, por diferentes motivos, son para nosotros puntos de referencia a la hora de orientar nuestro crecimiento y desarrollo. De ellos copiamos, en mayor o menor grado, valores, actitudes, opiniones, peinados y modos de vestir… Estos modelos de identificación, cuando se asumen de modo positivo, ayudan a configurar y fortalecer nuestra personalidad. Nuestros modelos de identificación terrenos son temporales, mientras vamos creciendo y madurando, para llegar a conformar nuestra personalidad en la edad adulta.

JUZGAR:

En la 2ª lectura, san Pablo ha dicho: Igual que el terreno son los hombres terrenos; igual que el celestial son los hombres celestiales. Nosotros, que somos imagen del hombre terreno, seremos también imagen del hombre celestial. El hombre celestial es Cristo, y san Pablo nos lo propone como “modelo de identificación”, porque estamos llamados a ser imágenes suyas, y no debemos conformarnos con ser “terrenos”.

Si decimos que somos cristianos, nuestro “modelo de identificación” ha de ser Cristo, pero en el Evangelio hemos escuchado cómo es y actúa Él. ¿Estamos de verdad dispuestos a que sea nuestro modelo, a hacer nuestros sus criterios, actitudes y comportamientos? No es nada fácil, pero las palabras de Jesús no admiten paliativos y debemos confrontarnos con ellas con toda sinceridad:

Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian. ¿Qué siento hacia quienes considero “mis enemigos” o hacia quienes “me odian”? ¿Estaría dispuesto a hacerles el bien, si tuviera ocasión?

Bendecid a los que os maldicen, orad por los que os injurian: ¿Respondo a los insultos con insultos? ¿Recuerdo en la oración a quienes de cualquier manera me ofenden o critican?

Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra. ¿Soy vengativo? ¿Recurro a la violencia verbal o física?

Tratad a los demás como queréis que ellos os traten: ¿Tengo esto presente hasta en los detalles mínimos de la vida cotidiana, ya sea familiar, laboral o social? ¿Soy educado y respetuoso con todos?

Si amáis sólo a los que os aman… si hacéis bien sólo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis?: ¿Sólo pienso en mi círculo de familia y amigos y me desentiendo del resto de la gente y sus problemas?

Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo: ¿Me afecta el sufrimiento de los demás?

No juzguéis y no seréis juzgados: Aunque no justifique su comportamiento, ¿comprendo las limitaciones o circunstancias que afectan a otras personas?

Perdonad y seréis perdonados: ¿Qué me parece “imperdonable”? ¿A quién no puedo perdonar?

Dad y se os dará: ¿Soy una persona egoísta o soy generoso, sobre todo con mi tiempo y capacidades?

ACTUAR:

¿Qué modelos de identificación he tenido a lo largo de mi vida? ¿Qué me han aportado, cómo me han ayudado en mi desarrollo personal? ¿Qué características del “hombre terreno” descubro en mí? ¿Deseo de verdad llegar a ser imagen del “hombre celestial”? ¿Qué dificultades tengo para identificarme con Cristo? ¿Qué actitudes evangélicas considero fuera de mis posibilidades?

Hoy es uno de esos días en que lo que Cristo nos propone nos parece inalcanzable para el común de los mortales, algo que sólo está destinado a gente muy santa. Pero el Papa Francisco, en “Gaudete et Exsultate”, la exhortación apostólica sobre el llamado a la santidad en el mundo actual, nos recuerda que (1) “el Señor lo pide todo, y lo que ofrece es la verdadera vida, la felicidad para la cual fuimos creados. Él nos quiere santos y no espera que nos conformemos con una existencia mediocre, aguada, licuada”, o, como dice san Pablo, una existencia meramente “terrena”. Pero (11) “no se trata de desalentarse cuando uno contempla modelos de santidad que le parecen inalcanzables (…) Lo que interesa es que cada creyente discierna su propio camino y saque a la luz lo mejor de sí, aquello tan personal que Dios ha puesto en él”.

Estamos llamados a ser “santos”, a ser imagen del hombre celestial, que es Cristo, nuestro modelo de identificación, y Él mismo nos indica por dónde empezar: Tratad a los demás como queréis que ellos os traten. Concretemos esto en nuestra vida cotidiana familiar, laboral, de vecindad, social, amistades… y desde ahí seguiremos creciendo hasta metas más altas. Esto sí está a nuestro alcance porque (14) “todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra”.

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