La función educativa

VER:
Son muchos los padres que se desentienden de la educación de sus hijos. De una manera más o menos consciente, parece que delegan esa educación en el colegio o instituto. Esto ocurre también con la educación en la fe: en las parroquias comprobamos que cada vez son más los niños que no han recibido el Sacramento del Bautismo; y también comprobamos que, aun habiéndolo recibido, no han aprendido a santiguarse, a rezar, y apenas saben algo de Dios, de la Virgen María, o de la Iglesia. Como mucho, sus padres los han apuntado a clase de Religión, con lo que de nuevo delegan en otros una función que les corresponde a ellos en primer lugar. Unas veces, esta delegación de sus funciones se debe a comodidad, dejadez… pero otras veces lo cierto es que los padres no saben cómo educar a sus hijos, ni en cuanto a conocimientos, ni en cuanto a la fe.
JUZGAR:
Hoy estamos celebrando la fiesta de la Sagrada Familia: José, María y Jesús, modelo de todas las familias cristianas, por tanto, de todas las familias en las que la fe ocupa un lugar esencial. Y en el Evangelio hemos escuchado cómo los padres de Jesús lo llevaron al templo de Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor. La familia de Jesús, a pesar de ser “sagrada”, no está eximida de seguir el camino de cualquier familia judía, y cumplen lo prescrito.
Pero no se limitan a “cumplir” un requisito y desentenderse: cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret, y una vez allí, los padres de Jesús continúan ejerciendo su función como padres, cumplen sus obligaciones, tanto en lo referente al bienestar físico de Jesús (El Niño iba creciendo y robusteciéndose), como a su educación (y se llenaba de sabiduría), incluyendo la educación religiosa (y la gracia de Dios lo acompañaba).
José y María no delegan su función educadora en otros. Ellos eran personas de clase social baja: José era carpintero, y María, ama de casa; pero esto no fue obstáculo para que educasen a su Hijo, como de hecho no lo ha sido nunca para los padres que se han tomado en serio su función. José y María encontraban en su vida matrimonial la “sabiduría” necesaria para educar a ese Hijo que les ha sido dado. Una vida matrimonial en la que Dios ocupaba un lugar central.
Contemplando hoy a la Sagrada Familia, es bueno recordar que los padres son los primeros responsables de la educación de sus hijos. Y si hablamos de “familia cristiana”, los padres son también los primeros responsables de la educación en la fe de sus hijos. Y para poder ejercer esa función, Dios debe ocupar un lugar central en la vida de la familia.
Por eso la familia cristiana se fundamenta en el Sacramento del Matrimonio, porque como indica el Catecismo de la Iglesia Católica (1641): la gracia propia del sacramento del Matrimonio está destinada a perfeccionar el amor de los cónyuges, a fortalecer su unidad indisoluble. Por medio de esta gracia “se ayudan mutuamente a santificarse con la vida matrimonial conyugal y en la acogida y educación de los hijos”.
La familia cristiana encuentra en la gracia del Sacramento la “sabiduría” necesaria para ejercer sus funciones, incluyendo la educativa, porque cuando los padres van por delante con su ejemplo y oración familiar, los hijos, e incluso cuantos conviven en la misma familia, encuentran más fácilmente el camino del sentido humano, de la salvación y de la santidad. Los esposos, adornados de la dignidad y del papel de la paternidad y la maternidad, cumplirán entonces con diligencia su deber de educadores, sobre todo en el campo religioso, que toda a ellos principalmente (GS 48).
ACTUAR:
Como padre o madre, ¿me he implicado en la educación de mis hijos, o he delegado esta función? ¿Y en lo referente a la fe? ¿Creo que la gracia del Sacramento del Matrimonio me ayuda a ello? ¿Procuro ser buen ejemplo para mis hijos, tanto en la educación cívica e intelectual como religiosa?
La fiesta de la Sagrada Familia es una llamada de atención a los padres cristianos, para que no descuiden ni deleguen ningún aspecto de la educación de sus hijos. Pidamos hoy, por intercesión de la Sagrada Familia, que las familias cristianas se apoyen en la gracia del Sacramento del Matrimonio para poder cumplir su función educativa, ya que en nuestros días, en un mundo frecuentemente extraño e incluso hostil a la fe, las familias creyentes tienen una importancia primordial en cuanto faros de una fe viva e irradiadora (1656).