Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía III de Adviento-A

Defraudados

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VER:

Todos, en mayor o menor medida, nos hemos sentido en algún momento defraudados por alguien o por algo. Habíamos puesto nuestra confianza, nuestra esperanza, en una persona, en un acontecimiento, nos habíamos forjado unas expectativas y nos habíamos hecho unos planes… Pero ese alguien o algo, por algún motivo no cumple lo que esperábamos que iba a realizar y consecuentemente nuestras expectativas y planes se van al traste y nos sentimos defraudados. Y tras esta experiencia, nos resulta muy difícil volver a confiar en esa persona.

JUZGAR:

Estamos ya en el tercer domingo de Adviento y, como estamos diciendo desde que comenzó este tiempo, para que esta Navidad sea “histórica”, para que Dios pueda entrar de verdad en nuestra historia personal, en nuestras circunstancias actuales, necesitamos llevar a cabo desde ahora mismo nuestra propia campaña de Navidad, viviendo intensamente el Adviento.

Y en este tercer domingo, es necesario que pensemos qué expectativas tenemos respecto a esa “entrada de Dios en nuestra vida” que celebramos en la Navidad. ¿Qué esperamos que ocurra? ¿Cómo nos gustaría que repercutiese en nuestro día a día el hecho de acoger a Dios?

Porque no se nos tiene que olvidar que Dios viene a nosotros de un modo muy concreto: pobre y humilde; y en esas condiciones es en las que deberemos acogerlo. Porque si tenemos otras expectativas, si esperamos otras cosas… quizá cuando pase la Navidad nos sintamos defraudados.

En el Evangelio hemos escuchado que Juan el Bautista, que había oído en la cárcel las obras de Cristo, le mandó preguntar por medio de dos de sus discípulos: ¿Eres tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro? Juan ha predicado el advenimiento del Mesías, ha exhortado a la conversión, ha señalado a Jesús como el Cordero de Dios… Pero Juan el Bautista comparte las expectativas y deseos de su pueblo respecto a cómo debía ser y actuar el Mesías prometido, y Jesús no se ajusta a la idea preconcebida que se tiene, y por eso surge la duda: ¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?

Nosotros quizá también tenemos una idea preconcebida de cómo debería actuar Dios, en nuestra vida y en nuestro mundo; esperamos que termine de una vez con las guerras, el hambre, el paro y todos los males que nos acechan; Y por eso nos disponemos a acogerle en nuestra vida, para sentirnos libres de preocupaciones, protegidos, seguros…

Pero aparentemente, aunque le acojamos, todo sigue igual: los grandes problemas del mundo no sólo no se solucionan, sino incluso parece que se complican más y surgen otros que se añaden a los que ya teníamos; y en lo referente a nuestra vida personal ocurre lo mismo. Y podemos sentirnos defraudados no sólo respecto a la Navidad, sino también respecto a Dios mismo.

Pero la respuesta que Jesús da a esos enviados es la misma que nos da a nosotros: Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo… ¡Y dichoso el que no se sienta defraudado por mí! Como parte de nuestra propia campaña de Navidad, tenemos que aprender a “ver y oír”, a penetrar en lo aparente, en lo inmediato, para descubrir la presencia y acción de Dios en lo concreto y cotidiano de la vida. Y un instrumento privilegiado para ello es la Revisión de Vida, que es una mirada, a la luz de la fe, sobre acontecimientos grandes o pequeños, personales o colectivos de la vida, para descubrir los signos y señales de Dios en la vida concreta y así no sentirnos defraudados por Él.

ACTUAR:

¿Qué personas o situaciones me han defraudado? ¿He podido recuperar la confianza en ellas? ¿En alguna ocasión me he sentido defraudado por Dios? ¿A qué se debió? ¿Sé interpretar los signos de los tiempos a la luz de la fe? ¿Practico la Revisión de Vida?

La Navidad, con todo el sentimentalismo y consumismo con que la hemos rodeado, puede llevarnos a sentirnos defraudados. También nuestras expectativas y deseos, muchas veces comprensibles pero no ajustados a la realidad, pueden llevarnos a sentirnos defraudados por Dios. Aprendamos a “ver y oír” la presencia y acción de Dios entre nosotros, para que no nos sintamos defraudados y así, como hemos pedido en la oración colecta, lleguemos a la Navidad, fiesta de gozo y salvación, y la podamos celebrar con alegría desbordante.

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