Ligero de equipaje
VER:
Al finalizar uno de los cursos en el Seminario, fui a recoger mis cosas y me di cuenta que tendría que hacer dos viajes para poder llevármelas todas. El Rector me vio y me dijo: “Recuerda que en la vida hay que ir ligeros de equipaje”, una frase que se me quedó grabada. Lo cierto es que, como ocurre especialmente en estas fechas de vacaciones, ante cualquier desplazamiento fuera de nuestra residencia habitual, aunque sea un fin de semana, preparamos nuestro equipaje, algo que a veces supone un quebradero de cabeza: pensamos qué nos vamos a poner, qué nos hará probablemente falta, qué nos llevamos “por si acaso”… y el peso y el volumen del equipaje va aumentando.
JUZGAR:
La semana pasada veíamos que el Señor nos enviaba como profetas suyos, nos hagan caso o no nos hagan caso. Y esta semana, en el Evangelio, vuelve a incidir en ese envío: llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos. Hoy también el Señor nos envía a nosotros como apóstoles, a desempeñar la dimensión profética que, como también vimos la semana pasada, tenemos por nuestro bautismo, para ir construyendo, como santos, su Reino, haciendo este mundo un poco mejor cada día.
Un envío que hace a todos, sin distinción, sea cual sea nuestra condición personal, social, laboral… como hemos escuchado en la 1ª lectura que le ocurrió al profeta Amós: No soy profeta ni hijo de profeta, sino pastor y cultivador de higos. El Señor me sacó de junto al rebaño y me dijo: “Ve y profetiza a mi pueblo de Israel”. No caben excusas para no sentirnos llamados y enviados por el Señor.
Y para ese envío, el “equipaje” que necesitamos es muy simple, como hemos escuchado en el Evangelio: Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto. Como me decía el Rector, hay que ir ligeros de equipaje, porque para anunciar a Jesús, pocas cosas hacen falta. Hoy en día se habla mucho de utilizar los medios modernos y las nuevas tecnologías en la evangelización, y sin negar que esos medios y tecnologías tienen su función, el Señor nos recuerda que en la misión evangelizadora, lo más importante es lo que ya señaló el Papa Pablo VI en Evangelii nuntiandi: La Buena Nueva debe ser proclamada, en primer lugar, mediante el testimonio (…) Todos los cristianos están llamados a este testimonio y, en este sentido, pueden ser verdaderos evangelizadores (21). Y todos podemos ser evangelizadores porque, al hablar de los medios y métodos de la evangelización, señala: Ante todo… hay que subrayar esto: para la Iglesia el primer medio de evangelización consiste en un testimonio de vida auténticamente cristiana (41). Y más adelante añade: No habrá nunca evangelización posible sin la acción del Espíritu Santo (…) Él es quien, hoy igual que en los comienzos de la Iglesia, actúa en cada evangelizador que se deja poseer y conducir por él, y pone en los labios las palabras que por sí solo no podría hallar (…) Las técnicas de evangelización son buenas pero ni las más perfeccionadas podrían reemplazar la acción discreta del Espíritu. La preparación más refinada del evangelizador no consigue absolutamente nada sin él (75). Y nosotros hemos recibido ese mismo Espíritu en nuestro Bautismo y Él nos capacita para la misión.
ACTUAR:
¿Me siento llamado y enviado por el Señor a ser su apóstol y profeta, en santidad? ¿Qué “equipaje” creo que me haría falta? ¿Tengo presente al Espíritu Santo, que he recibido en el Bautismo y la Confirmación?
El Señor cuenta con todos nosotros para la nueva evangelización, que como ya dijeron nuestros obispos en el documento Los cristianos laicos, Iglesia en el mundo 148: La nueva evangelización se hará, sobre todo, por los laicos, o no se hará. Sintámonos llamados y enviados por el Señor a ser apóstoles, profetas y santos, y vivamos este envío no como una imposición sino como un regalo, porque como decía la 2ª lectura: Él nos ha destinado en la Persona de Cristo a ser sus hijos… a esto estábamos destinados. Respondámosle con nuestra disponibilidad, sea cual sea nuestra situación en la vida, y no temamos ir ligeros de equipaje porque tenemos lo único necesario: el Espíritu Santo.
Ante la tarea que el Señor nos encomienda, no olvidemos hacer lo que el Papa Pablo VI pidió: exhortamos a todos y cada uno de los evangelizadores a invocar constantemente con fe y fervor al Espíritu Santo y a dejarse guiar prudentemente por Él como inspirador decisivo de sus programas, de sus iniciativas, de su actividad evangelizadora.