Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía II de Cuaresma-B

Dispuestos a darlo todo

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Cuando un actor de teatro estrena una obra, o un cantante va a dar un concierto, o un deportista va a competir, es corriente que digan: “Vengo dispuesto a darlo todo”, ya sea en el escenario o en el terreno de juego. Y todos entendemos lo que quiere decir: que va a poner todo su empeño y se va a esforzar al máximo en hacer lo que debe del mejor modo posible, y los espectadores valoramos y agradecemos esa disposición, aunque en el fondo no esperamos otra cosa. De hecho, si no fuese así, si un actor, cantante o deportista dijese: “Vengo dispuesto a dar pero hasta cierto punto, todo no”, sería criticado y pronto perdería el favor del público.

JUZGAR:

Estamos en el tiempo de Cuaresma, un tiempo en el que sigue sonando la invitación que Jesús nos hizo el domingo pasado: Convertíos y creed la Buena Noticia. Y desde esta llamada a la conversión, tenemos que recordar que nosotros, como cristianos, tenemos que estar dispuestos a darlo todo, como hemos escuchado en la 1ª lectura que lo estuvo Abrahán. Evidentemente, Dios no quería que le sacrificase a Isaac, sino que puso a prueba a Abrahán para que éste pusiese de manifiesto su total disposición a darlo todo a Dios, sin reservarse nada, ni a su propio hijo.

Como parte de nuestro ejercicio cuaresmal, hoy debemos preguntarnos con sinceridad en la oración si nosotros de verdad estamos dispuestos a darlo todo a Dios, o bien nos reservamos una parte, si hay alguna dimensión de nuestra vida en la que no queremos que Dios entre, si estamos poniendo límites a nuestro seguimiento.

Si somos sinceros reconoceremos que nos da miedo la radicalidad del seguimiento de Cristo. Pero del mismo modo que un actor, un cantante o un deportista, para poder darlo todo, necesitan “tener tablas”, haber ensayado o haber seguido un entrenamiento riguroso, nosotros también debemos ejercitarnos en el seguimiento de Cristo, aprendiendo a ir dándonos en las pequeñas cosas de lo cotidiano hasta que seamos capaces de darlo todo, de darnos del todo.

Y para que seamos capaces de darlo todo por Él, Dios antes nos lo ha dado todo en Cristo, como hemos escuchado en la 2ª lectura: El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó a la muerte por nosotros, ¿cómo no nos dará todo con Él? Siempre, pero especialmente en Cuaresma, debemos contemplar la entrega total de Cristo por nosotros, para ir perdiendo el miedo a darlo todo por Él, porque si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? Y como a los discípulos, también a nosotros nos muestra hoy con su transfiguración la meta a la que llega quien está dispuesto a darlo todo como Él lo dio. Estamos llamados a compartir su gloria y Él mismo intercede por nosotros.

ACTUAR:

¿Alguna vez he visto a un actor, cantante o deportista que “lo haya dado todo”? ¿He tenido yo la experiencia de “darlo todo”? ¿Cómo me sentí? ¿Estoy dispuesto a darlo todo a Dios, como Abrahán, o hay algo que me reservo? ¿Qué supone para mí que Cristo lo haya dado todo por nosotros y por nuestra salvación? ¿Tengo presente la meta de gloria a la que Cristo nos llama?

Como hemos dicho, para ser capaces de darlo todo a Dios, nosotros debemos ejercitarnos en el seguimiento de Cristo, aprendiendo a ir dándonos en las pequeñas cosas de lo cotidiano. Y para ayudarnos en este ejercicio diario, Dios nos sigue dando todo en Cristo, cada día, en la Eucaristía, memorial de su entrega, de su muerte y resurrección. Vivamos siempre la Eucaristía como ese pequeño momento de transfiguración, en el que podemos gustar de nuevo la meta de gloria a la que estamos llamados, para que con Él y como Él, estemos dispuestos a darlo todo, a darnos del todo, y así un día podamos compartir su resurrección y su vida eterna.

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