“No entiendo esta humillación”
VER:
El Domingo de Ramos comenzábamos la Semana Santa, haciendo referencia a la muerte de mi hermana Carmen. Al comunicárselo a mis más allegados les decía con dolor: “No entiendo al Señor. Sé que está ahí pero no entiendo la manera que tiene de hacer las cosas. No lo entiendo.” Y sobre esta idea hemos estado contemplando la Semana Santa. Pero aunque no le entendamos, esta Semana la estamos queriendo vivir desde la fe en Jesús, crucificado y resucitado.
Y hoy, Viernes Santo, contemplando la Pasión de Jesús, vemos que en una sociedad en la que se busca el poder (económico, político…) casi al precio que sea, no se entiende que Jesús, a pesar de su condición divina se rebajase, se humillase, hasta una muerte de cruz (cfr. Flp 2, 8).
JUZGAR:
Humanamente no se entiende lo que San Pablo decía en la 2ª lectura: Él, a pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. No se entiende que, siendo el Hijo, aceptase ser probado en todo, igual que nosotros, excepto en el pecado.
Y si contemplamos a Jesús en su Pasión, aún se entiende menos que en medio de esa humillación siguiese manteniendo su valentía y su dignidad:
No se entiende que no se esconda ante quienes van a prenderle: ¿A quién buscáis?… Yo soy.
Jesús se muestra valiente ante Anás (Yo he hablado abiertamente… ¿Por qué me interrogas…?); ante uno de los guardias que le dio una bofetada (si he hablado como se debe, ¿por qué me pegas?).
Sobre todo, no se entiende la valentía y dignidad de Jesús (en ese momento, para todos un simple malhechor que ha sido detenido), ante Pilato (símbolo del poder romano) y sus preguntas: Mi reino no es de este mundo… Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo… No tendrías ninguna autoridad sobre mí si no te la hubieran dado de lo alto.
No se entiende la entrega total, hasta el fin: Está cumplido. E, inclinando la cabeza entregó el espíritu.
Humanamente no se entiende esto, pero contemplando desde la fe a Jesús en su Pasión, podemos ver en Él al Siervo profetizado por Isaías, como hemos escuchado en la 1ª lectura: Muchos se espantaron de él… despreciado… como un hombre de dolores… Él soportó nuestros sufrimientos… voluntariamente se humillaba… Sin defensa, sin justicia, se lo llevaron… murió con los malvados, aunque no había cometido crímenes…
Pero también desde la fe empezamos a entender que también Jesús cumple el final de esta profecía: Cuando entregue su vida como expiación, verá su descendencia… lo que el Señor quiere prosperará por sus manos… mi siervo justificará a muchos… intercedió por los pecadores. Y también desde la fe entendemos lo que decía san Pablo: llevado a la consumación, se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna.
ACTUAR:
¿Qué me llama más la atención en la Palabra de Dios de este Viernes Santo? ¿Qué momento de la Pasión de Jesús me cuestiona más? ¿Entiendo el sentido de la adoración de la Cruz que realizaremos dentro de unos momentos? Aunque no le entienda, ¿cómo puedo obedecer mejor a Cristo para que sea para mí autor de salvación eterna?
Cuando profundizamos en el misterio de la Pasión de Jesús, seguramente encontraremos nuevas razones para decir: “No lo entiendo”. Podemos sentirnos como María, Juan, las mujeres, José de Arimatea, Nicodemo… que no entendían cómo había podido terminar así, pero hicieron lo que debían: tomaron el cuerpo de Jesús y lo vendaron todo, con los aromas… y pusieron a Jesús en el sepulcro.
Esta tarde y mañana, Sábado Santo, como Iglesia permaneceremos en silencio, junto al sepulcro del Señor, meditando el misterio de su pasión y muerte, pero como decía san Pablo: mantengamos firmes la fe que profesamos, recordando lo que hemos dicho en la primera oración: Jesucristo… instituyó por medio de su sangre el misterio pascual. La Pascua será la gran sorpresa, también incomprensible pero real, que Dios tiene preparada para todos los que hemos vivido con fe la Semana Santa.