Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía domingo 05 TO – C

“Mysterium tremendum et fascinosum”

Descargar homila

VER:

Estando con un grupo de chavales en el templo parroquial, cuando ya había oscurecido, se me ocurrió gastarles una broma: estaban en el presbiterio y entonces les apagué las luces. Se pusieron a gritar, y a correr hacia la puerta, porque decían que les daba miedo estar a oscuras en el templo. A lo largo de los años me he encontrado con bastantes personas, que aun creyendo en el Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, afirman tener miedo de entrar o estar en una iglesia cuando está a oscuras o si no hay nadie más dentro. Por increíble que parezca, sentimos miedo de y ante Dios.

JUZGAR:

El teólogo protestante Rudolf Otto definió el encuentro con “lo santo” como “mysterium tremendum et fascinosum”. Es un misterio que sobrepasa, que estremece y que conmueve al creyente porque, en su presencia, se siente humilde y pecador; y a la vez es un misterio fascinante, porque se siente en presencia de un amor incondicional que le acoge.

Es la experiencia que la Palabra de Dios nos invita hoy a reflexionar, y que hemos contemplado en la 1ª lectura y en el Evangelio. Ante Dios cobramos conciencia de lo que no solemos reconocer ni ante los demás, ni ante nosotros mismos: que somos pecadores, que nuestra vida no es todo lo recta que debería ser, o que aparentamos que es. Así, Isaías, al encontrarse ante Dios, dice: ¡Ay de mí, estoy perdido! Yo, hombre de labios impuros… he visto con mis ojos al Rey y Señor de los Ejércitos. Y Pedro, ante el signo de la pesca milagrosa que obra Jesús, dice: Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.

Pero también hemos contemplado que para Dios, para el Rey y Señor, nuestro pecado, nuestra indigencia y nuestra miseria no son obstáculo para acercarnos a Él. Así se lo hace saber a Isaías: ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado. Y también Jesús se lo hace saber a Pedro: No temas.

Más aún, nuestro pecado, indigencia y miseria no sólo no son obstáculo para cercarnos a Dios, sino que Él quiere contar con nosotros para la evangelización. Así lo propone a Isaías: ¿A quién mandaré? ¿Quién irá por mí? Y así lo propone a Pedro: desde ahora serás pescador de hombres.

La Palabra de Dios en este domingo nos recuerda que los protagonistas de la evangelización no somos nosotros; que lo importante es el mensaje que debemos transmitir, y lo que debemos procurar, por encima de nuestros pecados personales, es transmitir fielmente ese mensaje, como decía san Pablo en la 2ª lectura: lo primero que yo os transmití, tal como lo había recibido, fue esto.

Y teniendo muy presente lo que san Pablo ha dicho: no soy digno de llamarme apóstol… Pero por la gracia de Dios soy lo que soy. Es Dios quien quiere contar con nosotros, y para ello nos envía y nos capacita; a nosotros nos corresponde poder decir como San Pablo: y su gracia no se ha frustrado en mí.

Como sabéis, del lunes 4 al jueves 7 de marzo se realizará la MISIÓN EN VALENCIA-Porta Fidei en nuestra Parroquia. A cada uno de nosotros nos toca invitar, “pescar” diríamos hoy a la luz del Evangelio, por lo menos a una persona más, para que se haga hoy vida aquellas palabras: “La gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios”, que también nosotros y aquellos a quienes invitemos, “pesquemos”, nos acerquemos esos día para encontrarnos con Jesucristo.

ACTUAR:

¿Siento “miedo” de Dios, o de estar a solas o a oscuras en un templo? ¿Por qué? ¿He sentido esa experiencia del “mysterium tremendum et fascinosum”, la conciencia de mi pecado pero a la vez la acogida amorosa e incondicional? ¿Cuánto hace que no he recibido el sacramento de la Reconciliación, y por tanto no he escuchado “tus pecados están perdonados”? ¿Me creo que el Señor me dice, como a Pedro: no temas? Ante la nueva evangelización, ¿me siento enviado por el Señor a ser pescador de hombres? ¿Respondo, como Isaías: Aquí estoy, mándame? ¿A qué personas voy a invitar a que se acerquen a las charlas de la MISIÓN? y rezo por ellas.

El Señor derrama su gracia sobre nosotros cada vez que celebramos la Eucaristía. Es Él quien nos convoca, incluso con nuestro pecado; es Él quien se hace presente en su Palabra y en el Pan y el Vino; es Él quien nos envía a ser pescadores de hombres. No frustremos su gracia en nosotros, para que se pueda cumplir lo que pediremos en la última oración: vivir tan unidos en Cristo, que fructifiquemos con gozo para la salvación del mundo.

Los comentarios están cerrados.