Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía domingo 02 del TO – C

No somos aguafiestas

 Descargar homilia

VER:

Todos sabemos lo que es un aguafiestas: Persona que turba cualquier diversión o regocijo. Y también decimos a veces que “se ha aguado la fiesta” cuando los planes previstos no salen bien por el motivo que sea. En nuestra “sociedad del bienestar” nos habíamos creído que la vida era “una fiesta”, y durante años hemos vivido un estilo de vida consumista, despreocupado y egoísta, pero la crisis (no sólo económica) nos ha hecho sufrir las consecuencias de ese modo de actuar, y tenemos la impresión de que “se nos ha aguado la fiesta”. Antes de empezar la crisis, desde la Iglesia y fuera de ella, se advirtió de lo que se avecinaba, pero a menudo se nos tachaba de “aguafiestas”.

JUZGAR:

En el Evangelio hemos contemplado a unas personas a las que también “se les ha aguado la fiesta”: una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí; Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. Pero en un momento dado faltó el vino. Eso era motivo suficiente para “aguar la fiesta”, pero además, el propio Jesús parece que va de “aguafiestas”, ya que ante el requerimiento de María (No les queda vino), parece que responde de manera desabrida (Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora).

Pero Jesús no es ningún aguafiestas, ni mucho menos desaira a María: no va a permanecer indiferente, sino que va a actuar pero en el momento y el modo que Él considere más adecuado para dar verdadero sabor y alegría a la vida, su propio “sabor y alegría”. Así lo reconoció el mayordomo: has guardado el vino bueno hasta ahora.

Y para dar su propio sabor y alegría, Jesús quiere contar con otros. María lo sabe, y por eso dijo a los sirvientes: Haced lo que él diga. Jesús podría haber hecho el signo sin más, pero dijo a los sirvientes: llenad las tinajas de agua… sacad ahora, y llevádselo al mayordomo. Nosotros somos hoy los “sirvientes”, llamados a hacer lo que Jesús nos diga para dar a la vida su sabor, alegría y esperanza. Nos podrá parecer extraño lo que nos pida el Señor, como a los sirvientes de la boda les parecería extraño que les mandase llenar las tinajas de agua, pero debemos tener fe en que Él sabe lo que hace y por qué.

Todos debemos sabernos “sirvientes” del Señor, más allá de nuestra edad, nivel cultural o posición social, como decía san Pablo en la 2ª lectura: Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de servicios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. Jesús no permanece indiferente ante la dura situación que atravesamos, y a cada uno nos pedirá que hagamos una cosa: hablar con sabiduría… hablar con inteligencia… don de curar… hacer milagros… profetizar… distinguir los buenos de los malos espíritus… Jesús cuenta con nosotros y, para que no aparezcamos como unos “aguafiestas”, nos capacita para la acción mediante su Espíritu, que obra todo esto, repartiendo a cada uno en particular como a él le parece.

Frente a esa impresión de que “se nos ha aguado la fiesta”, a nosotros nos corresponde hacer lo que él diga para dar su sabor y alegría, confiar en que Él sabe cuándo es “su hora” para actuar, y tener fe en que lo que nos pida será lo correcto, porque en cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común.

ACTUAR:

¿Tengo esa impresión de que “se nos ha aguado la fiesta”, en lo personal y en lo social? ¿Qué pienso que haría falta para dar sabor, alegría y esperanza a la vida? ¿Tengo fe en que Jesús sabe cuál es “su hora” y cómo actuar, o me siento desairado como si no hiciese caso de nuestras peticiones?

En demasiadas ocasiones se nos ha tachado a los cristianos de ser unos “aguafiestas”. Pero la crisis ha dejado patente el papel que, como Iglesia que somos, estamos jugando para dar a la gente el sabor y la alegría de Cristo. María nos sigue diciendo: Haced lo que él diga, porque Jesús cuenta con nosotros para “desaguar la fiesta”, y continúa dándonos su Espíritu, a cada uno en particular como a él le parece, para que con diferentes dones, servicios y funciones, hoy, en Benimámet, como ocurrió en Caná de Galilea, continúen sus signos, se manifieste su gloria y crezca la fe de sus discípulos en Él.

Los comentarios están cerrados.