Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía Bautismo del Señor – C

Punto de partida

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Supongamos que nos invitan a un bautizo. ¿Qué es lo primero que pensamos? ¿Hacemos algún preparativo? Recordemos las veces que hemos estado en un bautizo; hay una serie de oraciones, gestos, símbolos, ritos… ¿sabemos lo que significan y por qué se realizan? ¿Nos sentimos cuestionados, personalmente implicados, o lo vivimos como algo “exterior” a nosotros? ¿Nos hace recordar que nosotros también hemos recibido el Bautismo? ¿Qué significa eso para nosotros?JUZGAR:

Quizá sepamos responder correctamente a estas preguntas, ojalá. Pero como es probable que descubramos una o varias lagunas en este sentido, hoy celebramos la fiesta del Bautismo del Señor.

Con esta fiesta termina el tiempo litúrgico de Navidad, pero no supone un punto y final; al contrario, el Bautismo del Señor es un punto de partida. Lo fue para Él, ya que supuso por una parte una manifestación de la Trinidad (bajó el Espíritu Santo sobre él… vino una voz del cielo: Tú eres mi Hijo), y también el comienzo de su misión, de su vida pública anunciando el Reino de Dios. Por eso, el Bautismo que hemos recibido ha de ser también para nosotros un punto de partida.

Así lo hemos expresado en la oración colecta: concédenos poder transformarnos interiormente a imagen de aquél que hemos conocido semejante a nosotros en su humanidad. Todo lo que hemos orado, reflexionado y celebrado a lo largo de la Navidad ha de “tocarnos”, “calarnos” en profundidad; no hemos sido meros espectadores de hechos pasados: somos actores de acontecimientos actuales. Así lo expresaba la 2ª lectura: según su propia misericordia nos ha salvado, con el baño del segundo nacimiento y con la renovación por el Espíritu Santo.

Contemplando el Bautismo del Señor y recordando nuestro Bautismo, hemos de tener en cuenta que, si la identidad y misión de Jesús son proclamadas en su bautismo, todo aquél que es bautizado recibe en ese momento “su identidad y misión”, como hijo de Dios. Hemos de darnos cuenta de que para nosotros también se ha abierto el cielo, que también Dios nos dice a cada uno: “Tú eres mi hijo amado, en ti me complazco.” Y podemos sabernos y vivir como verdaderos hijos de Dios.

Y sobre todo, hemos de darnos cuenta que esa identidad es “para” una misión, que Dios cuenta con nosotros para continuar la misión de Jesús “hoy”.

Una misión cuyas directrices generales vienen marcadas en la 1ª lectura: Consolad a mi pueblo… hablad al corazón… En el desierto preparadle un camino al Señor… alza fuerte la voz, no temas, di: «Aquí está vuestro Dios.» Unas indicaciones que después cada uno debemos concretar de múltiples formas. En este Año de la Fe, como bautizados debemos tener en cuenta las palabras del Papa Benedicto XVI en Porta Fidei (10): Profesar con la boca indica, a su vez, que la fe implica un testimonio y un compromiso público. El cristiano no puede pensar nunca que creer es un hecho privado… exige también la responsabilidad social de lo que se cree.

El próximo sábado vamos a tener la Asamblea Parroquial a la que todos estamos convocados para poder evaluar nuestro objetivo pastoral parroquial, “La Parroquia es c@sa de tod@s”. Tu presencia es imprescindible.

Y a nivel diocesano se va a realizar la MISIÓN EN VALENCIA-PORTA FIDEI, en la que todos nos podremos hacer presentes e invitar a otras personas para que puedan asistir en esos cuatro días a tomar conciencia de nuestro bautismo y la misión que se nos confía.

ACTUAR:

Celebrando esta fiesta del Bautismo del Señor, como colofón del tiempo de Navidad, desde la oración debo preguntarme: ¿Qué supone para mí estar bautizado? ¿Cómo influye en mi vida? ¿Siento que, por estar bautizado, “el cielo se ha abierto” para mí y que tengo acceso a él, si me dejo guiar por el Espíritu Santo, si vivo como verdadero hijo de Dios? ¿Cómo estoy continuando “hoy” la misión evangelizadora de Jesús?

Que la conciencia del bautismo que hemos recibido suponga para nosotros, hoy, un punto de partida. Como nos propusimos durante el Adviento, también ahora que vamos a iniciar el “Tiempo Ordinario” en la liturgia y en nuestra vida, debemos continuar testimoniando la esperanza cristiana más allá de cualquier situación económica. Pidamos a nuestro Padre del cielo, por medio de su Hijo, que su Espíritu Santo haga que se cumpla en nosotros lo que pediremos en la última oración de la Eucaristía: que escuchemos con fe la palabra de tu Hijo para que podamos llamarnos, y ser en verdad, hijos tuyos, y así demos testimonio y hagamos presente el Reino que Cristo nos anunció.

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