¡Dan ganas de tener uno…!
VER:
Hace poco, una familia ha vivido el nacimiento del primer nieto. Un día los padres del niño lo llevaron a casa de los abuelos, con quienes vive un hijo todavía soltero. Lógicamente, toda la atención estaba puesta en el niño, todos pendientes de él, dándole cosas, provocándole risas… y en un momento dado, el hijo soltero exclamo: “¡Dan ganas de tener uno…!”, porque veía y notaba lo que el niño estaba alegrando a toda la familia, lo que había supuesto para todos su llegada.JUZGAR:
Hoy estamos celebrando la solemnidad de la Epifanía del Señor. La palabra griega se utilizaba para indicar la llegada del rey a la ciudad, y también la aparición de una divinidad; de ahí el nombre de esta fiesta, porque efectivamente, Dios hecho hombre en Jesús ha aparecido entre nosotros, y Él es nuestro Rey, y viene a nuestra ciudad o pueblo, a nuestro hogar, a cada uno de nosotros.
Y llega para todos, se manifiesta a todos, porque éste es el sentido profundo de la Epifanía, y que hemos escuchado en la 2ª lectura: que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la Promesa en Jesucristo, por el Evangelio.
Como hizo la familia que hemos comentado al principio, durante esta Navidad ha venido a todos nosotros un Niño pequeño, y hoy especialmente lo estamos contemplando. Después de lo que hemos reflexionado, orado y celebrado a lo largo de estos días, ¿cuál es nuestra reacción?
Siguiendo el Evangelio de hoy, podemos pensar: ¿Qué caminos hemos recorrido en nuestra vida buscando a Dios? ¿Hemos sido como esos Magos de Oriente que se presentaron en Jerusalén?
¿Qué “estrella” nos ha ido guiando? Porque como los Magos, hemos visto salir su estrella… ¿Qué circunstancias, personas, experiencias… han sido para nosotros “estrellas”?
¿Cómo hemos buscado, preguntado, indagado…? Porque los Magos preguntaron: ¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? ¿He procurado formarme, preguntar… para profundizar en mi fe?
Lo que hemos encontrado, ¿nos ha satisfecho? Porque a fin de cuentas, de momento sólo es un Niño, pero los Magos entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron. ¿Es Jesús lo que yo he buscado para dar sentido a mi vida, “caigo de rodillas” ante Él?
¿Qué cambio ha supuesto encontrarme con el Dios hecho hombre en Jesús? Porque los Magos se marcharon a su tierra por otro camino. ¿Mi vida sigue igual que antes de celebrar la Navidad, o se me han abierto otros caminos, antes insospechados para mí?
ACTUAR:
Dios viene a nosotros en la humildad de un Niño pequeño, para ser el Dios-con-nosotros, y durante estos días de Navidad Él ha sido el centro de atención. Al contemplarle hoy, ¿también diríamos, como el joven de esa familia, “¡Dan ganas de tener uno…!”?
Pues si tenemos claro lo que ha supuesto la llegada de Jesús a nuestras vidas, no nos quedemos con las ganas. Hoy celebramos que podemos tenerlo a Él mismo, para siempre, porque como diremos en el Prefacio: al manifestarse Cristo en nuestra carne mortal, nos hiciste partícipes de la gloria de su inmortalidad. Ojalá recibamos por la fe a este Niño y dejemos que habite y crezca en nosotros, para que se vaya cumpliendo lo que hemos pedido en la oración colecta: concede a los que ya te conocemos por la fe poder contemplar un día, cara a cara, la hermosura infinita de tu gloria.