Dejar a Dios ser Dios
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La semana pasada estuvimos hablando de la solidaridad cristiana, y que una de sus características propias era no sólo atender las necesidades sino “sufrirlas con” quien las padece, sentirnos afectados personalmente. Y también decíamos que para vivir la solidaridad cristiana, nosotros no nos anunciamos a nosotros mismos, anunciamos a Cristo. Precisamente porque anunciamos a Cristo, hay una forma de solidaridad cristiana que es la oración de intercesión; todos tenemos experiencia de que alguien nos haya dicho: “Pide por mí…”. El problema surge cuando, desde nuestra perspectiva, Dios “no nos hace caso”: viene el desencanto, cierto enfado, alejamiento… y llegamos a pensar que no merece la pena interceder por otros ni pedir para nosotros. Sigue leyendo