Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet


Homilía 33 TO-A

No es un concurso de talentos

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Desde hace unos años se han popularizado en las cadenas televisivas los llamados “concursos de talentos”, que son programas en los que los concursantes muestras sus habilidades, capacidades, destrezas… en un determinado ámbito: la canción, la cocina, la magia, la interpretación, el circo, el baile… Normalmente en estos concursos hay un jurado que se encarga de evaluar a los concursantes, a veces con mucha dureza e incluso con manifiesto desprecio. Son muchas las personas que pasan por estos concursos, pero muy pocos los que realmente alcanzan la fama o el premio deseado: todos los demás, a pesar de sus esfuerzos, desaparecen y nadie se acuerda de ellos. Sigue leyendo


Homilía XXXII del TO-A

No nos quedemos sin batería

20171112 32TO-A                                                                                                    Descargar homilía

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Cuando salieron al mercado los teléfonos móviles, yo sólo tenía un cargador. Pero a medida que fue generalizándose el uso de los móviles y se utilizaban para más cosas, y después de un par de ocasiones en que me quedé sin batería, decidí ser previsor y disponer de más de un cargador: tenía uno en mi domicilio, pero también tenía otro en el despacho y llevaba otro en la mochila. De esta manera me aseguraba poder recargar el móvil cuando y donde me hiciese falta, y no arriesgarme a quedarme sin batería y, por tanto, sin poder utilizarlo para lo que necesitaba. Sigue leyendo


Homilía 31 TO-A

Cuidado con los figurones

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Todos conocemos a personas de las que decimos que son “figuras”, ya sea del cine, del deporte, de las artes, de las ciencias… Con eso queremos decir que son personas relevantes, que destacan en esas actividades, y no necesitan alardear de ello porque sus méritos son patentes a todos. Pero seguro que también conocemos “figurones”, personas engreídas que quieren aparentar más de lo que son, que se dan mucha importancia ante los demás pretendiendo pasar por “figuras”, pero en realidad no tienen esas capacidades, méritos y aptitudes de que presumen. Sigue leyendo


Homilía de Todos los Santos

Aunque no quede ni el recuerdo

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Hasta que empezaron a popularizarse las cámaras fotográficas electrónicas y los teléfonos móviles, era costumbre que en las casas hubiera álbumes o cajas con las fotografías de la familia. En las fotografías antiguas vemos personas que no sabemos quiénes eran, ni siquiera si eran de nuestra familia o no, pero si su fotografía está ahí con las demás era porque han significado algo importante, aunque ahora no sepamos quiénes fueron. Lo mismo ocurre en los templos más antiguos: encontramos altares y retablos con muchas pinturas e imágenes de santos: algunos son conocidos, o fácilmente identificables, pero otros no sabemos quiénes son; en un momento de la historia fueron importantes para esa comunidad parroquial, y por eso se pintó o se puso su imagen, pero el paso del tiempo ha hecho que se borre el recuerdo de quiénes fueron y qué hicieron. Sigue leyendo


Homilía 30 TO-A

¿Cómo podemos amarlo?

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Tal como señalábamos la semana pasada, hay algunas cuestiones que surgen de forma recurrente en las reuniones de formación. Una es cómo podemos saber lo que Dios espera de nosotros, a la que ya dimos respuesta el domingo pasado. Y otra es la dificultad para amar al prójimo, sobre todo en algunos casos en los que reconocemos que “no nos sale” ese amor. No le deseamos ningún mal, pero tampoco le amamos; a veces incluso no experimentamos ningún sentimiento hacia él. Sigue leyendo


Homilía 29 TO-A

¿Cómo podemos saberlo?

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Hay una pregunta que suele surgir de forma recurrente en las reuniones de formación. Cuando hablamos de “cumplir la voluntad de Dios”, de “llevar a la práctica lo que Él espera de nosotros”, siempre hay alguien que pregunta: “Pero eso, ¿cómo podemos saberlo?” Porque la experiencia que se tiene es que hemos aprendido los mandamientos, conocemos las palabras de Jesús en el Evangelio… pero no sabemos cómo podemos aplicarlas a nuestra vida ordinaria. Éste es uno de los aspectos de la separación entre fe-vida-celebración que afecta a muchos cristianos, que reducen el ser cristiano a aceptar una serie de verdades y a cumplir unas prácticas religiosas, pero sin apenas relación o incidencia en su vida cotidiana, lo que acaba provocando incoherencia con el Evangelio. Sigue leyendo


Homilía 28 TO-A

No la desperdiciemos

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Hace unas semanas tuve que tirar una bolsa de verdura que tenía en la nevera: me despisté, se pasó la fecha de caducidad y se había podrido. Recordé lo que nos decía la última campaña de Manos Unidas: “Un tercio de nuestros alimentos acaba en la basura. Mientras, 800 millones de personas siguen pasando hambre en el mundo”, y me dolió y me dio vergüenza haber desperdiciado comida. Siempre, pero más desde la Campaña de Manos Unidas, en la cantidad de comida que hay en las tiendas y supermercados: por razones de mercado, hay mucha oferta, de todo tipo, pero todo no se vende; quizá algo se done, pero muchos alimentos no serán consumidos y se desperdiciarán. Sigue leyendo


Homilía 27 TO-A

Valorar, agradecer, aprovechar

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Durante el inicio del ciclo pastoral ya hemos tenido la Asamblea, el Retiro… Se hicieron carteles para anunciarlas, también se imprimieron octavillas con la información, fotocopias para los asistentes. Pero… muy poca gente recogió las octavillas; apenas la mitad de los que tenían que venir acudieron a las convocatorias. Hay veces que al terminar alguna celebración se encuentran fotocopias completamente arrugadas e incluso algunas por el suelo y pisoteadas. Esta situación se repite, no sólo en las parroquias, sino en otros ámbitos del llamado “primer mundo”: en lo referente a la educación, sanidad, urbanismo… tenemos disponibles muchos medios materiales y humanos, que no sólo no son aprovechados, sino muchas veces son desperdiciados e incluso destruidos, sin que ello nos preocupe lo más mínimo. Sigue leyendo


Homilía 26 TO-A

Del remordimiento al arrepentimiento

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Durante los Ejercicios Espirituales, el director nos hizo caer en la cuenta de la diferencia entre “remordimiento” y “arrepentimiento”. Aparentemente tienen un significado similar, pero hay diferencias importantes entre ambos: el remordimiento me encierra en mí mismo, pensando y repensando en lo que he hecho o dejado de hacer, y además eso queda ahí “para siempre”, nunca desaparece y cada vez que lo recuerdo vuelvo a sentir remordimiento. Por el contrario, el arrepentimiento no me encierra en mí mismo, sino que me sitúa frente a un “tú”, frente a alguien, y lo que me duele no es tanto el acto en sí mismo, cuanto haber fallado a esa persona, a su confianza, a su amor; y por eso, el arrepentimiento no me “condena” al pasado, a seguir dando vueltas a lo que hice, sino que me impulsa a un futuro en el que me propongo no volver a fallar a esa persona. Sigue leyendo


Homilía 25 TO-A

Id también vosotros a mi viña

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Con esta celebración de la Eucaristía iniciamos nuestra Asamblea Parroquial. Y lo hemos hecho escuchando la parábola de los obreros de la viña.

Este Evangelio coincide con la introducción de la EXHORTACIÓN APOSTÓLICA POST-SINODAL DE SAN JUAN PABLO II, «Christifideles laici», SOBRE VOCACIÓN Y MISIÓN DE LOS LAICOS, EN LA IGLESIA Y EN EL MUNDO. Se escribió hace 30 años, en 1987

Los fieles laicos pertenecen a aquel Pueblo de Dios representado en los obreros de la viña, de los que habla el Evangelio de Mateo: «El Reino de los Cielos es semejante a un propietario, que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña. Habiéndose ajustado con los obreros en un denario al día, los envió a su viña» (Mt 20, 1-2).

La parábola evangélica despliega ante nuestra mirada la inmensidad de la viña del Señor y la multitud de personas, hombres y mujeres, que son llamadas por Él y enviadas para que tengan trabajo en ella. La viña es el mundo entero (cf. Mt 13, 38), que debe ser transformado según el designio divino en vista de la venida definitiva del Reino de Dios.

«Salió luego hacia las nueve de la mañana, vió otros que estaban en la plaza desocupados y les dijo: «Id también vosotros a mi viña»» (Mt 20, 3-4).

El llamamiento del Señor Jesús «Id también vosotros a mi viña» no cesa de resonar en el curso de la historia desde aquel lejano día: se dirige a cada hombre que viene a este mundo. Sigue leyendo