¿También vosotros queréis marcharos?
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Una de las pocas cosas positivas que ha traído la pandemia ha sido recordarnos algo que muchos habían olvidado o ni siquiera se habían detenido a pensar en ello: que todo en este mundo, incluidos los seres humanos, somos caducos. Más aún: además de caducos, somos muy frágiles, tanto las personas como las estructuras que hacen posible nuestra vida, que nos parecían muy sólidas y permanentes pero que se han ido derrumbando como fichas de dominó. Y esto nos afecta profundamente, porque nos hemos dado cuenta de que en realidad no hay nada estable, que no hay ningún lugar donde podernos sentir seguros y a salvo. Intentamos superar este sentimiento de inseguridad y angustia con distracciones, consumismo, actividades variadas… pero el sentimiento nunca desaparece del todo, al contrario, lo volvemos a sentir incluso agudizado. Sigue leyendo









