Qué pocos somos…

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En una calle en la que difícilmente caben dos coches, una persona dejó su vehículo sin acercarlo suficientemente a uno de los lados, lo que provocó que otro no pudiera pasar y pronto se formó un importante atasco. A pesar del escándalo que se organizó, la persona que había dejado mal el vehículo no se apresuró en volver, lo hizo andando como si tal cosa y se limitó a subir a su vehículo y marcharse sin pedir disculpas. Comentando la situación, una persona dijo a otra: «¡Qué pocos somos los que pensamos en los demás!» Esta situación se repite en muchos ámbitos de la vida cotidiana, los ejemplos serían interminables: cada vez más personas van a la suya sin importarles los demás, y las cada vez menos personas que sí lo hacen se sienten impotentes ante la avalancha de mala educación y faltas de respeto, y también se sienten frustradas porque, en la práctica, quienes sólo piensan en sí mismos son los que se salen con la suya y ‘no pasa nada’.
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