El diccionario define ‘jerga’ como un lenguaje especial que usan entre sí los individuos de ciertos grupos. Hace unos días, en un programa de radio, hablaban sobre la jerga que utilizan hoy en día los jóvenes para referirse a algunos sentimientos, actitudes, conceptos… palabras y expresiones que para ellos son conocidas y habituales pero que los adultos no entendemos y nos las tienen que explicar para saber de qué están hablando. Son muchos los colectivos y profesiones que tienen su jerga propia, y también en la Iglesia la tenemos: una jerga que a menudo resulta extraña a quienes la oyen.
Todos los días 11 de cada mes, en la celebración de la Eucaristía, REZAMOS POR LOS ENFERMOS.
De la COLECTA del 2º domingo de marzo, para Cáritas de la Natividad se ingresaron 208 €. Y del Buzón de Cáritas de San Vicente, del mes de marzo se han ingresado 355 €. Que Dios premie vuestra generosidad.
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10 razones para marcar la ‘X’ de la Iglesia
1. Es una forma sencilla de colaborar con la Iglesia.
2. No tiene ningún coste para ti.
3. Demuestra el compromiso con la Iglesia.
4. Es de las pocas cosas que podemos decidir sobre nuestros impuestos.
5. Demostramos a la sociedad que son muchos los que valoran la labor que realiza la Iglesia.
6. Marcando la ‘X’ se ayuda a sostener a la Iglesia en el desarrollo de sus actividades:
7. Supone decir “sí” a la libertad religiosa.
8. Es una decisión libre y democrática que no perjudica a nadie.
9. Es el dinero mejor invertido.
10. Para los no católicos o no practicantes, marcar la casilla supone también reconocer el papel que la Iglesia.
Hemos querido vivir toda la Cuaresma, y especialmente la Semana Santa, con deseo y pasión, dos emociones muy fuertes y que deberían movernos, sobre todo, en los aspectos más importantes de nuestra vida, porque cuando algo lo deseamos de verdad, o nos apasionamos por ello, no nos duele tiempo y esfuerzo para alcanzarlo. Durante este tiempo hemos reflexionado en diferentes aspectos del deseo y la pasión en nuestra vida: a veces surgen repentinamente, otras veces van creciendo progresivamente, sufren altibajos, frustraciones, incluso pueden morir… Y, en ocasiones, el deseo y la pasión se manifiestan de forma desbordante: lo vemos, por ejemplo, cuando un equipo de fútbol consigue un título importante; o, en Valencia, cuando una comisión fallera obtiene el primer premio. Eso que se ha deseado tanto por fin se ha hecho realidad, y la pasión se desborda de forma incontenible, hay una explosión de alegría, la gente se echa a la calle, hay risas, abrazos, besos, los coches hacen sonar sus bocinas, se tiran tracas…
Nos propusimos vivir la Cuaresma, y ahora especialmente la Semana Santa, con verdadero deseo y pasión, porque el Señor, como verdadero hombre, experimentó también con fuerza el deseo y la pasión: el deseo intenso de cumplir la voluntad de su Padre por nuestra salvación; y este deseo lo vivió con pasión, en sus palabras y en sus obras, hasta culminar en su Pasión y muerte en la Cruz. Cuando algo lo deseamos de verdad, o nos apasionamos por ello, no nos duele tiempo y esfuerzo para alcanzarlo y disfrutarlo; pero sabemos también que a veces esa pasión se debilita y acaba muriendo, por varias razones: rutina, cansancio, desengaño, falta de comunicación…
Durante toda la Cuaresma hemos visto que el deseo y la pasión son dos emociones constitutivas del ser humano. Pero, lamentablemente, las solemos reducir sólo al aspecto sexual y por eso las rodeamos de connotaciones negativas y sospechosas de pecado, cuando en realidad, el deseo y la pasión son dos fuerzas que deberían movernos, sobre todo, en los aspectos más importantes de nuestra vida, porque cuando algo lo deseamos de verdad, o nos apasionamos por ello, no nos duele tiempo y esfuerzo para alcanzarlo. También hemos visto que el Señor nos invitaba a vivir la Cuaresma y la Semana Santa con verdadero deseo y pasión, porque Él, como verdadero hombre, experimentó también con fuerza el deseo y la pasión: el deseo intenso de cumplir la voluntad de su Padre por nuestra salvación; y este deseo lo vivió con pasión, en sus palabras y en sus obras, hasta culminar en su Pasión y muerte en la Cruz.
Un año más dar las gracias a todos los que habéis hecho posible este concierto de música sacra de Semana Santa, de forma entrañable a su presidente D. Sebastián Belloch.
En este Domingo de Ramos, día en el que iniciamos el camino más intenso del año cristiano: el de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús.
Hoy, la música se ha convertido en lenguaje del alma, en oración que no necesita palabras, en puente entre lo humano y lo divino. A través del programa que han interpretado hemos sentido distintas emociones y experiencias que nos han ayudado a adentrarnos en el misterio que comenzamos a celebrar.
Desde la elegancia y profundidad del Concierto para oboe y cuerdas de Telemann, que hoy ha cobrado un brillo especial con la intervención de Vicent Benedicto, hasta la delicadeza de piezas que nos han invitado a la cercanía con Dios, con el “Cerca de Ti, Señor”, con la voz de la soprano Raquel Roig. Hemos escuchado también la alabanza solemne del “Domine Deus” de Vivaldi, la paz serena de Bach “Jesús, alegría de los hombres”, y la intensidad espiritual de “La Misión” de Morricone, con el Coro de la Escuela SIOAM, interpretando “Vita nostra”, que nos ha recordado la entrega, el sacrificio y la esperanza de los jesuitas españoles del siglo XVIII.
Agradecemos de corazón a la Orquesta SIOAM, a su directora Carolina Montalt, a la soprano Raquel Roig, al coro, y a todos los músicos que han hecho posible este momento.
Cada nota, cada silencio y cada armonía nos han ayudado a entrar con profundidad en esta Semana Santa, a vivirla no solo como tradición, sino como experiencia interior: con fe, con emoción y con verdadera pasión.
Hemos disfrutado del concierto… dejemos que la música nos conduzca durante toda esta Semana Santa que hoy hemos iniciado.
Desde el inicio de la Cuaresma hemos visto que el deseo y la pasión son dos emociones muy fuertes y constitutivas del ser humano pero, lamentablemente, las solemos reducir sólo al aspecto sexual y por eso las rodeamos de connotaciones negativas y sospechosas de pecado. En realidad, el deseo y la pasión son dos fuerzas que deberían movernos, sobre todo, en los aspectos más importantes de nuestra vida, porque cuando algo lo deseamos de verdad, o nos apasionamos por ello, no nos duele tiempo y esfuerzo para alcanzarlo y disfrutarlo. Pero es cierto que a veces la pasión, en lo que sea, se desata, se convierte en una emoción exaltada y desenfrenada que nos arrastra sin control.