Diálogo sincero
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Hace unos días vi como un niño de unos tres años, que acababa de salir de una escuela infantil, pidió agua a su madre. Se veía que el niño estaba acalorado, probablemente por haber estado jugando. Su madre le respondió: “Ahora no llevo agua, beberás en casa de la abuela”. El niño se echó a llorar porque no quería esperar tanto, ya que como dijo a su madre, tenía mucha sed. Todos sabemos lo que es tener sed de agua, y los adultos también sabemos lo que es tener otro tipo de “sed”, un deseo intenso de amor, de justicia, de plenitud. A medida que avanzamos día a día en el recorrido de nuestra vida, esta otra “sed” va aumentando, y a menudo sentimos, como ese niño, que no recibimos el “agua” que necesitamos, y nos enfadamos y de buena gana nos echaríamos a llorar porque no queremos esperar más para poder saciar ese deseo de amor, plenitud y felicidad. Sigue leyendo



