Ha resucitado

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Ayer, Viernes Santo, dijimos que, por la crisis del coronavirus, nos veíamos obligados a vivir la Semana Santa “en pobreza”: pobreza exterior, sin participar presencialmente en las celebraciones, ejercitándonos en vivir la comunión espiritual… Y también en pobreza interior, dándonos cuenta, individual y colectivamente, de que a pesar de todos los avances de nuestro mundo, en realidad no somos nada… nada sin Dios. Y también decíamos que quizá nos sintamos en soledad, como María en el Sábado Santo, pero que Ella nos enseña a mantener firmes la fe que profesamos. Porque en esa nuestra “nada”, Dios se hace presente de un modo que no podemos esperar ni imaginar. Sigue leyendo








