Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía Domingo de Ramos-A

Cuando Jesús se dispone a entrar en Jerusalén, la multitud, enfervorizada, “alfombró el camino con sus mantos, algunos cortaban ramas de árboles y alfombraban la calzada. Y la gente que iba delante y detrás gritaba: ¡‘Hosanna’ al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡‘Hosanna’ en las alturas!” la pasión por Jesús se ha desatado y arrastra a la gente de un modo arrollador: “Es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea”. Pero, poco después, como también hemos escuchado, esa misma gente se deja manipular en sus sentimientos y se dejarán arrastrar por una pasión contra Jesús: “Los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús… Gritaban más fuerte: ¡Sea crucificado!” Cuando dejamos que el deseo y la pasión se desaten de un modo irreflexivo, lo más probable es que las consecuencias sean negativas, y esto sirve para todas las dimensiones de la vida humana, incluyendo por tanto la dimensión de la fe.

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