¿Dónde está el Niño?

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Hoy todavía resuenan los ecos de las cabalgatas que, en la tarde de ayer, recorrieron la mayoría de pueblos y ciudades. Y también en la mayoría de hogares resuenan las exclamaciones al abrir regalos, cajas abiertas, se ven desperdigados trozos de papel de regalo… Para casi todos, hoy es un día de alegría y de ilusión, aunque mañana terminan las vacaciones escolares y en general hay que volver al ritmo habitual de la vida.
JUZGAR:
Todavía seguimos en tiempo de Navidad, celebrando desde la Nochebuena que “un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado”; y este Niño es nada menos que el Hijo de Dios hecho hombre. Por eso, del mismo modo que cuando nace un niño en una familia todo gira en torno a él, nosotros nos hemos propuesto que desde ahora este Niño esté en el centro de nuestra vida y de nuestro amor, aunque eso nos cueste esfuerzo y algunos cambios. Y queremos hacerlo porque, como también estuvimos reflexionando el domingo pasado, por este Niño que nos ha nacido podemos vivir como hijos de Dios, si lo acogemos en nuestra vida.
Pero quizá hoy, en medio de esta confusión y ajetreo, nos demos cuenta de que otras tareas y pensamientos han ocupado el centro de nuestra atención y de nuestro corazón, y nos preguntemos, como hicieron los Magos: “¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido?” Porque para nosotros Él es el origen y fundamento de la fiesta de hoy y de los regalos que nos hacemos. Y por eso, y precisamente porque el tiempo de Navidad está llegando a su fin, esta pregunta es totalmente pertinente: después de tanta celebración, ¿qué nos queda? ¿Dónde está el Niño?
El Evangelio nos ha ofrecido varias pistas para encontrar la respuesta:
Los Magos preguntaron porque sentían deseos de encontrar al Niño: ¿Tengo yo ese deseo de encontrarlo, de que ocupe el centro de mi vida y de mi amor y que todo gire en torno a Él?
Los sumos sacerdotes y los escribas sabían perfectamente “dónde tenía que nacer el Mesías. «En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta»”. Se sabían la teoría, pero no se habían movido para comprobarlo: ¿También nosotros nos sabemos ‘a teoría’ de la fe cristiana, pero nos quedamos en el puro cumplimiento de lo mínimo, y no estamos dispuestos a movernos, a participar en los Equipos de Vida, en los grupos y acciones que ofrece la parroquia o la diócesis?
Herodes dice que quiere “ir también a adorar” al Niño, pero tiene una intención oculta, su propio interés: Cuando me acerco a Dios, ¿lo hago por verdadera adoración, o por algún interés personal?
A los Magos, “la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos”: ¿Sé descubrir las ‘estrellas’ que Dios ha puesto en mi vida? ¿Me dejo guiar por ellas, o prefiero ser yo quien marque mi camino?
Los Magos “entraron en la casa, vieron al Niño con María, su madre, y cayendo de rodillas, lo adoraron”: cuando entro en el templo, la Casa de Dios, ¿qué veo? ¿Sólo un espacio físico y los elementos materiales (bancos, imágenes, altar…) o soy consciente de la presencia de Dios? ¿Lo primero que hago es ‘caer de rodillas’ y adorar a Dios ante el Sagrario, o me limito a ocupar un lugar y esperar que comience la celebración?
Los Magos, “abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos”: ¿Me he preguntado qué le gustaría a Jesús que le regalase, qué espera de mí? ¿Qué le ofrezco yo a Dios, cuál es mi regalo? ¿Se lo doy con sinceridad, ‘abriendo el cofre’ de mi corazón, o lo hago de un modo superficial, sin implicarme mucho?
ACTUAR:
Finalmente, los Magos, “habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se retiraron a su tierra por otro camino”. La Navidad no es sólo un recuerdo de algo que ocurrió hace más de dos mil años. Como dijimos el domingo pasado, el deseo de Dios es que vivamos como hijos suyos y por eso viene a nuestro encuentro en su Hijo, y la fiesta de hoy nos lo vuelve a recordar: ¿Vamos a volver a ‘Herodes’, a continuar con nuestra vida como antes, como si Dios no se hubiera manifestado? ¿O estamos dispuestos a seguir otro camino, a cambiar nuestro estilo de vida?
Si lo hacemos así, aunque en alguna ocasión nos volvamos a preguntar: ‘¿Dónde está el Niño?’, encontraremos la respuesta: Él está a nuestro lado, porque Él es el Camino, la Verdad y la Vida.