Podemos decir lo mismo

VER:
En una tira cómica, Mafalda está escuchando la radio; el locutor está diciendo: «…hizo el Papa un nuevo llamado a la paz…» y Mafalda responde: «Y le dio ocupado, como siempre, ¿no?». Las tiras de Mafalda se publicaron entre 1964 y 1973; más de cincuenta años después, tristemente, podemos decir lo mismo: los diferentes Papas realizan múltiples llamadas a la paz, al entendimiento… pero sus llamadas no son atendidas, quedan como una llamada perdida que nunca se responde.
JUZGAR:
El primer día del año, dentro del tiempo de Navidad, en la Iglesia celebramos a María como Madre de Dios. Y la última de las letanías del Santo Rosario es ‘Reina de la Paz’. Por todo ello, desde hace 59 años, hoy también celebramos la Jornada Mundial de la Paz, que fue instituida por el Papa san Pablo VI en 1968. Era un tiempo convulso: revueltas sociales y políticas, lucha por los derechos sociales, la guerra fría entre la Unión Soviética y Estados Unidos y sus ramificaciones…
En este ambiente, san Pablo VI escribió en su primer mensaje de esta Jornada: «Nos dirigimos a todos los hombres de buena voluntad para exhortarlos a celebrar ‘El Día de la Paz’ en todo el mundo, el primer día del año civil. Sería nuestro deseo que después, cada año, esta celebración se repitiese como presagio y como promesa de que sea la Paz con su justo y benéfico equilibrio la que domine el desarrollo de la historia futura».
Y ofrecía las razones para instituir esta Jornada: «Lo hacemos porque vemos amenazada la Paz en forma grave y con previsiones de acontecimientos terribles que pueden resultar catastróficos para naciones enteras y quizá también para gran parte de la humanidad». Y, sobre todo, «lo hacemos porque la Paz está en la entraña de la religión cristiana, puesto que para el cristiano proclamar la paz es anunciar a Cristo; “Él es nuestra paz” (Ef. 2, 14); el suyo es “Evangelio de paz” (Ef. 6, 15): mediante su sacrificio en la Cruz, Él realizó la reconciliación universal y nosotros, sus seguidores, estamos llamados a ser ‘operadores de la Paz’ (Mt. 5, 9); y sólo del Evangelio, al fin, puede efectivamente brotar la Paz».
Como 59 años después podemos decir lo mismo, hoy pedimos para todos lo que hemos escuchado en la 1ª lectura: “El Señor te bendiga y te proteja, ilumine tu rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor te muestre su rostro y te conceda la paz”. Y como las sucesivas llamadas de los Papas a la Paz siguen ‘dando ocupado’, como diría Mafalda, también hacemos nuestro el Mensaje que el Papa León XIV ha publicado para esta Jornada, y que lleva por título: ‘La paz esté con vosotros: hacia una paz desarmada y desarmante’. El saludo de Cristo Resucitado, “La paz esté con vosotros” (Jn 20, 19) es una invitación dirigida a todos: creyentes, no creyentes, líderes políticos, ciudadanos… a construir el Reino de Dios y a trabajar juntos por un futuro humano y pacífico. En este Mensaje, el Papa invita una vez más a la humanidad a rechazar la lógica de la violencia y la guerra, y a abrazar una paz auténtica basada en el amor y la justicia. Esta paz debe ser ‘desarmada’, es decir, no basada en el miedo, las amenazas ni las armas; y debe ser ‘desarmante’, capaz de resolver los conflictos, abrir los corazones y generar confianza mutua y esperanza.
ACTUAR:
Pero no basta con pedir la paz: cada uno de nosotros debemos encarnarla en un estilo de vida que rechace toda forma de violencia. Ya lo dijo el Papa Francisco en “Fratelli tutti” 77: «Cada día se nos ofrece una nueva oportunidad, una etapa nueva. No tenemos que esperar todo de los que nos gobiernan, sería infantil. Gozamos de un espacio de corresponsabilidad capaz de iniciar y generar nuevos procesos y transformaciones. Seamos parte activa en la rehabilitación y el auxilio de las sociedades heridas. Hoy estamos ante la gran oportunidad de manifestar nuestra esencia fraterna».
San Pablo VI también dijo en 1968: «Nosotros, los creyentes del Evangelio, podemos infundir en esta celebración un tesoro maravilloso. Nosotros podemos hablar del amor al prójimo. Nosotros podemos sacar del precepto evangélico del perdón y de la misericordia gérmenes regeneradores de la sociedad. Nosotros, sobre todo, podemos tener un arma singular para la Paz, la oración, con la posibilidad que ella ofrece a cada uno para examinarse individualmente y sinceramente acerca de las raíces del rencor y de la violencia que pudieran encontrarse en el corazón de cada uno». Hoy nosotros podemos decir lo mismo: que María, Reina de la Paz, que “conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón”, nos enseñe a orar por la paz sin desfallecer, para hacer realidad, en nosotros y en los ambientes en que nos movemos, esa paz ‘desarmada y desarmante’ y que así las llamadas del Papa a la Paz no den siempre ‘ocupado’ sino que sean respondidas y alcancemos una paz auténtica basada en el amor fraterno que Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre, nos enseñó.
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