¿”Hikikomoris” o “Lázaros”?

VER:
A raíz de la llamada a permanecer en casa durante el estado de alerta, para no favorecer la expansión del coronavirus, recordé que hace unos años empezó en Japón un fenómeno que se denominó “Hikikomori”, que significa apartarse, estar recluido. Este fenómeno empezó afectando principalmente a jóvenes, aunque más tarde también ha ido afectando a grupos de mayor edad y se ha ido extendiendo por otras partes del mundo (en España se calcula que afecta a más de 200 jóvenes), y consiste en que estas personas toman la decisión de no salir de su habitación, y su contacto con el exterior lo realizan por internet. La principal razón por la que estas personas se encierran en su habitación es que perciben el mundo exterior como algo muy negativo, amenazante y peligroso, y por eso cortan la relación incluso con sus familiares y se “entierran en vida” buscando su espacio de protección y seguridad.
JUZGAR:
El fenómeno de los “Hikikomori” es un caso extremo, pero esa tendencia a apartarnos, a “recluirnos”, es bastante común, aunque no estemos bajo una alerta sanitaria: experimentamos que cualquier iniciativa o proyecto acarrea tal cantidad de esfuerzo, contratiempos, críticas e incomprensiones… que preferimos “no meternos en líos” y evitamos cualquier compromiso público. También acabamos “enterrándonos en vida”, sin buscar nuevas metas ni proyectos que vayan más allá de nuestro círculo más próximo.
Y también en lo referente a la fe nos afecta este fenómeno: el secularismo hace que los cristianos tengamos la sensación de ir “a contracorriente”, y en general se considera que la fe cristiana no tiene nada que ofrecer a los hombres y mujeres de hoy. Si a esto unimos el descrédito social que tiene la Iglesia… acabamos viviendo la fe de un modo privado, oculto, casi vergonzante.
Como Marta, la hermana de Lázaro, creemos en “la resurrección del último día”, pero hoy, ahora, no vemos salida, sólo vemos “muerte” y, como cristianos, nos “enterramos en vida” porque nos sentimos cuestionados y amenazados por los demás. Como dice el Papa Francisco, “se desarrolla la psicología de la tumba, que poco a poco convierte a los cristianos en momias de museo” (Evangelii gaudium 83).
Pero Jesús no es indiferente a esta situación, la de su Iglesia en general y la de cada uno de nosotros, sus amigos, en particular. A Él también le duele que estemos “enterrados en vida”, y nos dice, como a Marta: Yo soy la resurrección y la vida… ¿crees esto? Jesús no está hablando de un futuro en “el último día”; Jesús habla en presente: Él “es” la resurrección, que empieza “ya”, “ahora”.
Jesús cumple lo que anunció el profeta Ezequiel y hemos escuchado en la 1ª lectura: Yo mismo abriré vuestros sepulcros y os haré salir de vuestros sepulcros… Jesús es la resurrección y por eso abre ya esos sepulcros del miedo en los que nos hemos enterrado en vida. En este quinto domingo de Cuaresma Jesús vuelve a gritar con voz potente: Lázaro, ven afuera. Pongamos cada uno nuestro nombre, porque a cada uno de nosotros y a la Iglesia toda, Jesús nos pide: “Ven afuera, sígueme, no tengas miedo, vive tu fe con humildad pero con valentía, con coherencia, en tu familia, con tus vecinos, amigos, compañeros de trabajo o estudios… No te entierres en vida, al revés, que los demás noten tu fe por tu forma de hablar y de vivir”.
“Los males de nuestro mundo —y los de la Iglesia— no deberían ser excusas para reducir nuestra entrega y nuestro fervor. Mirémoslos como desafíos para crecer. Además, la mirada creyente es capaz de reconocer la luz que siempre derrama el Espíritu Santo en medio de la oscuridad” (EG 84), porque como nos ha recordado San Pablo en la 2ª lectura, el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros para que salgamos de los sepulcros del miedo y podamos superar “la desconfianza permanente, el temor a ser invadidos, las actitudes defensivas que nos impone el mundo actual”. (EG 88).
ACTUAR:
Más allá de la alerta sanitaria que debemos cumplir, como cristiano ¿sufro el fenómeno de los “Hikikomori”, me siento amenazado por el ambiente y “me entierro en vida”, ocultando mi fe a los demás? ¿Me siento “Lázaro”, llamado a “salir fuera” de los sepulcros del miedo para vivir mi fe con humildad y valentía? ¿Invoco al Espíritu Santo?
Jesús realizó el signo de la resurrección de Lázaro para que los demás crean que tú me has enviado. Un signo de nuestra conversión cuaresmal será que, aunque físicamente permanezcamos en casa mientras dure el estado de alarma, como cristianos no somos “Hikikomoris” sino que somos “Lázaros” y dejamos de estar “enterrados en vida” y, con la fuerza del Espíritu Santo, mostramos que “la alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento”. (EG 1).