Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía VI del TO-A

Libres para escoger

(Evangelio abreviado)

06 TO-A

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VER:

Una persona se quejaba de que, cerca de su casa, sólo había un supermercado de una cadena, y casi todos los productos eran de la marca de dicha cadena: “Así no puedes escoger lo que compras”. Los mayores seguramente recordamos aquella famosa frase publicitaria: “Busque, compare, y si encuentra algo mejor, cómprelo”. Poder escoger es uno de los componentes de la libertad humana, y reclamamos esa libertad, tanto para las cosas pequeñas o cotidianas como para otros temas más importantes de nuestra vida. Si podemos, queremos escoger lo mejor, y por eso la libertad de escoger necesita criterio y discernimiento, porque la elección que hagamos va a tener unas consecuencias, que serán positivas si hemos sabido escoger bien, o negativas si no hemos sabido escoger lo correcto.

JUZGAR:

La Palabra de Dios de este domingo nos muestra que también en la vida de fe, en contra de lo que muchos creen y viven, tenemos libertad de escoger. La 1ª lectura lo expone claramente: Si quieres, guardarás sus mandatos… ante ti están fuego y agua, echa mano a lo que quieras. Dios nos deja libres, pero como buen Padre, quiere que escojamos lo mejor, y por eso nos advierte de las consecuencias: delante del hombre están muerte y vida: le darán lo que él escoja. Unas consecuencias que Jesús indica en el Evangelio mediante una serie de ejemplos prácticos.

Ante el acomodamiento y mediocridad, afirma: Si no sois mejores que los letrados y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

Ante los conflictos con otras personas, Él nos dice: todo el que esté peleado con su hermano será procesado.

Ante la actitud de no tomar en serio la relación matrimonial, dice: el que mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúltero con ella en su interior.

Ante la falsedad y la doblez de intención, Jesús señala: A vosotros os basta decir sí o no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno.

Jesús nos indica que la vida de fe no queda relegada al ámbito de la propia interioridad, sino que afecta y se concreta en todas las dimensiones de nuestra vida. Somos libres para escoger el camino que Dios nos propone, o para rechazarlo, pero hemos de ser conscientes de las consecuencias de lo que decidamos. No hay que escoger irreflexivamente, ni tampoco por miedo, sino en conciencia.

Y para que nuestra elección sea verdaderamente libre y en conciencia necesitamos criterio y discernimiento. El criterio es la norma que usamos para conocer la verdad, y nuestro criterio ha de ser el de Jesucristo y su Evangelio. Y para hacer nuestro su criterio, necesitamos “momentos de silencio, de contemplación orante y de escucha de la Palabra, y la práctica sacramental” (Christus vivit 108).

Y también necesitamos seguir una adecuada formación cristiana que no consista en una mera adquisición de conocimientos, sino que nos ponga en contacto y en comunión con Jesucristo para ir formando nuestra conciencia, asumiendo sus criterios y decisiones en los Equipos de Vida.

Y desde un criterio cristiano podremos ejercer el discernimiento, que es el proceso por el que se toman decisiones importantes para poder elegir lo mejor, distinguiendo los pros y los contras de aquello que vamos a escoger.

ACTUAR:

¿En mi vida cotidiana me siento libre para escoger? ¿Pienso en las consecuencias de mi elección? ¿Y en lo referente a la fe me siento libre o coaccionado? ¿Me he preocupado de formar mi conciencia para adquirir un criterio cristiano? ¿Sé ejercer el discernimiento para que la fe ilumine mi vida?

Además de lo que afecta a nuestra vida personal, también como Iglesia debemos escoger el camino a seguir. Este fin de semana se está celebrando el Congreso nacional de Laicos «Pueblo de Dios en Salida», en el que se marcarán las líneas fundamentales para dinamizar el laicado en los próximos años en cada diócesis. También en nuestra Diócesis de Valencia estamos en el Sínodo Diocesano. De nosotros depende tener presente lo que se concluya en este Congreso y en el Sínodo e implicarnos en su desarrollo y concreción, o ignorarlo y continuar como hasta ahora. Ojalá que todos escojamos este camino de vida que el Señor nos abre, para transmitir, como Iglesia y sobre todo los laicos, una mirada de esperanza ante los desafíos que nos presenta la evolución de nuestra sociedad actual, descubriendo también los signos de la presencia de Dios que hay en el mundo de hoy.

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