El poder de la voz

VER:
Algunos animales reconocen la voz de sus dueños, pero también a nosotros nos ocurre. Una persona se encontraba hospitalizada e inconsciente por estar totalmente sedada. Su cónyuge estaba a su lado y en un momento dado, un médico le dijo: “Háblele, que eso ayuda a estimular el cerebro”. Le dirigió unas palabras y al momento el ritmo cardíaco disminuyó; a pesar de la sedación, esa persona reconoció la voz de su cónyuge aun estando inconsciente, y eso le sirvió para sentirse acompañada y más tranquila. La voz humana tiene poder: recordemos cómo respondíamos a la voz de nuestros padres, o cómo nos alegramos al escuchar la voz de la persona amada, o cómo echamos en falta escuchar la voz de quienes ya no están con nosotros.
JUZGAR:
El domingo IV de Pascua es conocido como el domingo del Buen Pastor porque todos los años, en el Evangelio, escuchamos diferentes fragmentos del capítulo 10 del Evangelio según san Juan, en el que Jesús se refiere a sí mismo con ese título: Yo soy el buen Pastor.
Y hoy Jesús, de acuerdo con esa imagen, hace referencia al poder que la voz del pastor tiene sobre sus ovejas: Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco y ellas me siguen. Y nos tenemos que preguntar:
¿Creo que “hoy” se sigue escuchando la voz del Buen Pastor, o que es algo del pasado? La Palabra de Dios, ¿es para mí algo actual, que me ayuda en mi caminar diario?
¿Dónde puedo escuchar hoy la voz del Buen Pastor? Nos llega a través de la Sagrada Escritura, que es Palabra de Dios consignada por escrito bajo la inspiración del Espíritu Santo; y la voz del Buen Pastor nos llega a través de la Sagrada Tradición, que también por el Espíritu Santo es Palabra de Dios que se ha transmitido fielmente por la Iglesia desde los Apóstoles; la voz del Señor nos llega también a través de la formación cristiana, cuya base es la Palabra de Dios. Y la voz del Buen Pastor nos llega también por medio de la comunidad parroquial, de los Equipos de Vida, porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos (Mt 18, 20).
¿Sabemos reconocer la voz del Buen Pastor? En el caso de la Sagrada Escritura tenemos claro que es “Palabra de Dios”, pero ¿tengo claro el concepto de Sagrada Tradición? Porque no es simplemente “lo que siempre se ha hecho” por costumbre, sino “lo que nos ha sido entregado y que debemos transmitir”. ¿Me fío de que en esa Tradición está realmente la voz del Buen Pastor?
¿Y sé reconocer su voz cuando me llega por medio de otros creyentes, o no hago caso?
Y también debemos pensar si de verdad nos ponemos a la escucha de la voz del Buen Pastor, o nos limitamos a “oír”. Porque “oír” es percibir con el oído los sonidos, pero “escuchar” es prestar atención a lo que se oye. ¿Presto atención a la Palabra de Dios, me llegue del modo que me llegue?
Jesús también decía que Él conoce a sus ovejas: ¿Me dejo conocer por Él? ¿Su voz me hace cuestionarme mis pensamientos, acciones, valores, criterios… toda mi vida?
Jesús concluye diciendo: Y ellas me siguen: No es suficiente con “escuchar” aunque sea con atención: ser cristiano es seguir a Jesús, el Buen Pastor, y el seguimiento implica encarnar la Voz del Señor en lo concreto de nuestra vida. ¿Cómo influye en mí la voz del Señor? ¿Me hace reaccionar, como decíamos en el Ver? ¿Me siento acompañado por Él, aunque no siempre sea consciente de ello? ¿Su voz, su Palabra, es para mí una palabra amorosa que ilumina y guía mi caminar diario?
ACTUAR:
Durante los tres primeros domingos de Pascua hemos escuchado el relato de las apariciones del Señor Resucitado. Y este domingo nos invita a reconocer la voz del Resucitado. Jesús utiliza los verbos en presente de indicativo (escuchan, conozco, siguen, doy…) para expresar que, hoy como entonces, el Buen Pastor continúa llamando a sus ovejas, a nosotros, para darnos la vida eterna.
Aprovechemos los medios que la comunidad parroquial nos ofrece para escuchar la voz de nuestro Buen Pastor, prestemos atención y reaccionemos a su Palabra porque es poderosa, con el poder del Amor; dejémonos conocer y cuestionar por Él para seguirle con fidelidad, para que en nuestro caminar diario, aunque a veces atravesemos “cañadas oscuras”, no temamos porque sabemos que Él viene con nosotros (cfr. Sal 22) y nada ni nadie nos podrá arrebatar de su mano.