El triunfo de Jesús

VER:
Durante toda la Semana Santa estamos utilizando el ejemplo de la campaña electoral en la que estamos inmersos para reflexionar acerca de la “Campaña” que Jesús lleva a cabo cada Semana Santa, buscando nuestro “voto de confianza” pero no para Él, sino para nuestra salvación. En la noche electoral, cuando se conocen los resultados y cuál es el partido político que ha ganado las elecciones, los militantes de dicho partido se reúnen ante su sede, se hacen discursos exaltando la alegría del triunfo, las consecuencias del mismo y los planes de futuro; también es común que suene la música y haya fuegos artificiales… Finalmente, el líder sale a saludar y dirige unas palabras. Y todo ello está remarcado por grandes titulares en medios informativos y redes sociales.
JUZGAR:
Esta noche/hoy estamos celebrando el triunfo de Jesús. Su “Campaña” contra el mal, el pecado y la muerte ha llegado a su fin, y Jesús ha resultado vencedor resucitando de entre los muertos.
Aunque Jesús no es un líder político, el ejemplo de la noche electoral puede servirnos de referencia:
Al conocer el resultado de su “Campaña”, nosotros, como miembros de su Iglesia, en esta noche/hoy nos hemos reunido también en nuestra Sede, que es el templo parroquial.
No ha habido fuegos artificiales, pero esta noche/anoche si hemos preparado el fuego del que hemos encendido el cirio pascual, para que “la luz de Cristo, que resucita glorioso, disipe las tinieblas del corazón y del espíritu” (Lucernario).
Sí hemos tenido un gran “discurso”, el Pregón Pascual, que ha destacado la alegría del triunfo de Jesús: “Exulten los coros de los ángeles por la victoria de Rey tan poderoso… Alégrese también nuestra madre la Iglesia… resuene este templo con las aclamaciones del pueblo… Porque éstas son las fiestas de Pascua… Ésta es la noche en que, rotas las cadenas de la muerte, Cristo asciende victorioso del abismo… ¡Qué noche tan dichosa!”
El Pregón Pascual también nos ha mostrado las consecuencias inmediatas del triunfo de Jesús: “Ésta es la noche en la que, por toda la tierra, los que confiesan su fe en Cristo son arrancados de los vicios del mundo y de la oscuridad del pecado, son restituidos a la gracia y son agregados a los santos… Y así, esta noche santa ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes, expulsa el odio, trae la concordia…”
Y también se nos han indicado cuáles han de ser, en consecuencia, nuestros planes de futuro: andemos en una vida nueva… consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús (epístola de la Vigilia) Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo (2ª lectura del día).
También esta noche/hoy una música ha resonado con toda su fuerza: el canto del Gloria que no se había hecho durante la Cuaresma y el canto del Aleluya, que condensa y expresa todo el cúmulo de sentimientos que esta noche nos inundan.
Y tenemos un gran titular: Ha resucitado, la gran Noticia que, desde que la escucharon las mujeres que fueron al sepulcro, ha continuado resonando y ha cambiado la Historia de la Humanidad.
ACTUAR:
En la noche electoral, quienes no han vencido suelen buscar el modo de rebajar el entusiasmo de quienes han ganado las elecciones. Tampoco a nosotros nos van a faltar quienes, ante el triunfo de Cristo Resucitado, nos digan lo mismo que dijeron de las mujeres: lo tomaron por un delirio y no las creyeron.
Pero esto no nos debe detener: las dudas, la incredulidad, la burla, las acusaciones de fraude y mentira… Todo eso está y estará presente, pero esta noche/hoy, no nos fijemos en esos elementos, ni siquiera les prestemos atención: alegrémonos y disfrutemos de lo que nada ni nadie nos podrá quitar: que Jesús Resucitado ha vencido el pecado y la muerte y nos da la salvación.
Sin embargo, algo nos falta todavía: en la noche electoral el líder vencedor sale al encuentro de sus votantes y les dirige unas palabras. Esta noche/hoy todavía no le hemos escuchado, pero el próximo domingo, y durante la cincuentena pascual, también Jesús Resucitado, nuestro Vencedor saldrá a nuestro encuentro, como hizo con los discípulos de Emaús y con los Apóstoles, y nos dirigirá sus palabras, para que su alegría esté en nosotros y nuestra alegría sea completa (cfr. Jn 15, 11) y podamos afirmar, sin miedo, con alegría y convencimiento: Verdaderamente ha resucitado el Señor. ¡Aleluya!