Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía del Viernes Santo-C

 El escándalo de Jesús

Viernes

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VER:

Como llevamos diciendo desde el Domingo de Ramos, la Semana Santa se está desarrollando en plena campaña electoral. Pero la campaña electoral no debe despistarnos de la gran “Campaña” que Jesús realiza para nosotros con la Semana Santa, sin escatimar esfuerzos por su parte, entregándose hasta el extremo, buscando nuestra salvación. Y a veces, durante una campaña electoral, surge algún escándalo referido a alguno de los líderes políticos, que inmediatamente es difundido en medios de comunicación hablados y escritos, en redes sociales, etc. Y provoca una reacción en contra por parte de la opinión pública y puede terminar con la carrera política de ese líder.

JUZGAR:

Jesús no es un líder político, pero en esta tarde estamos contemplando el “escándalo” en el que se vio envuelto. Pero a diferencia de los líderes políticos, Jesús asumió voluntaria y conscientemente pasar por el escándalo de la cruz, como ya profetizó Isaías: Maltratado, voluntariamente se humillaba

Aunque ya desde el comienzo de su predicación las palabras y obras de Jesús provocaban controversias e indignación, es ahora cuando el escándalo va a estallar. Judas, el traidor, que unos días antes se había puesto de acuerdo con los sumos sacerdotes y fariseos para entregarles a Jesús, encuentra la ocasión propicia: Jesús salió con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto… Judas conocía también el sitio… La patrulla, el tribuno y los guardias de los judíos prendieron a Jesús.

En una campaña electoral, seguramente habría una nube de fotógrafos, periodistas y personas tomando imágenes del momento. En el caso de Jesús, se va congregando una multitud que no sólo dará publicidad a la detención de Jesús, sino que será determinante para su condena.

A diferencia de algunos líderes políticos cuando se ven envueltos en un escándalo, ante las acusaciones, Jesús no las niega ni intenta matizarlas: Yo he hablado abiertamente al mundo; yo he enseñado continuamente en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada a escondidas.

Delante de sus acusadores, Jesús no se desdice de sus palabras, porque sabe que Él ha predicado la Verdad, aunque ahora tenga que sufrir por ella: Mi reino no es de este mundo… Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad.

Incluso ante la agresión física (uno de los guardias le dio una bofetada), Jesús se mantiene firme y digno: Si he faltado al hablar, muestra en qué he faltado; pero si he hablado como se debe, ¿por qué me pegas?

Y cuando ya el escándalo alcanza su culmen, cuando ya sus acusadores están gritando: ¡Crucifícalo, crucifícalo! y caen en la bajeza de afirmar: No tenemos más rey que el César, Jesús calla, pero no se acobarda: primero salió afuera, llevando la corona de espinas y el manto color púrpura; y después, cargando con la cruz, salió para el sitio llamado “de la Calavera”, donde lo crucificaron.

Cuando los líderes políticos se ven envueltos en un escándalo grave, los miembros de su partido van haciéndoles el vacío y acaban dimitiendo y retirándose y no se quiere volver a contar con ellos. Junto a cruz de Jesús estaba su madre, la hermana de su madre María la de Cleofás, y María la Magdalena, y el discípulo que tanto quería. Todos los demás, ante el escándalo de la Cruz, lo abandonaron. Pero Jesús no “dimite”: se mantiene fiel hasta el final, y por eso sus últimas palabras son: Está cumplido.

ACTUAR:

Contemplar a Jesús crucificado es una llamada a reflexionar: ¿Qué me impresiona más de todo el relato de la Pasión? ¿Cómo reacciono yo ante los escándalos que sacuden la vida social y política? ¿Soy de los que de manera irreflexiva también gritan: ¡Crucifícalo!? ¿He estado junto a quienes sufren algún escándalo? Si yo me he visto envuelto en algún escándalo, ¿cómo he reaccionado? ¿Me mantengo firme y fiel, aunque tenga que sufrir? ¿Me he sentido acompañado por otros, y por Dios?

Jesús no es un líder político, pero al querer sufrir voluntariamente la muerte en la Cruz, nos dio ejemplo no sólo de cómo soportar el escándalo de la Cruz, sino también de cómo hemos de reaccionar y comportarnos ante quienes, por causa del Evangelio, hoy día la opinión pública vuelve a pedir que sean “crucificados”. Como Jesús, seamos testigos de la verdad y mantengámonos firmes en la fe que profesamos, aunque “escandalicemos”, para que con su misma confianza podamos decir: Está cumplido, porque Él se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna.

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