Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía del Jueves Santo

Partirnos y repartirnos

Jueves

JUEVES SANTO C 19 Descargar homilía

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Como ya dijimos el Domingo de Ramos, este año la Semana Santa se está desarrollando en plena campaña electoral. Pero la atención que, como ciudadanos, debemos prestar a la campaña electoral, no debe despistarnos de la gran “Campaña” que Jesús, todos los años, prepara para nosotros con la Semana Santa, sin escatimar esfuerzos por su parte, entregándose hasta el extremo, buscando nuestra salvación. Estos días los representantes de los partidos políticos están llevando a cabo diferentes actividades, sin escatimar medios ni esfuerzos, buscando el voto de los electores, y tratan de multiplicarse y repartirse para estar presentes en todos los lugares que puedan, por la mañana en un sitio, por la tarde en otro… para hacer llegar su programa electoral al máximo de personas.

JUZGAR:

Hoy es Jueves Santo, el segundo día de la “Campaña” de Jesús. Y como hemos escuchado en la 2ª lectura, hoy celebramos la institución de la Eucaristía en la Última Cena: El Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó pan… lo partió y dijo: “Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía”. Lo mismo hizo con el cáliz… “haced esto, cada vez que lo bebáis, en memoria mía”.

Como dice el Papa Benedicto XVI en “Sacramentum caritatis”, la institución de la Eucaristía “sucedió en el contexto de una cena ritual con la que se conmemoraba el acontecimiento fundamental del pueblo de Israel: la liberación de la esclavitud de Egipto”, como hemos escuchado en la 1ª lectura. “Esta cena ritual… era conmemoración del pasado, pero, al mismo tiempo, también memoria profética, es decir, anuncio de una liberación futura.

Éste es el contexto en el cual Jesús introduce la novedad de su don. Al instituir el sacramento de la Eucaristía, Jesús anticipa el Sacrificio de la cruz y la victoria de la resurrección. Situando en este contexto su don, Jesús manifiesta el sentido salvador de su muerte y resurrección” (10).

Y aunque Jesús no es un líder político, al instituir la Eucaristía quiso partirse y repartirse para estar presente en todo tiempo y llegar a todos: “Con el mandato «Haced esto en conmemoración mía», nos pide corresponder a su don y representarlo sacramentalmente (11). La Iglesia está llamada a celebrar día tras día el banquete eucarístico en conmemoración suya. Introduce así el sacrificio redentor de Cristo en la historia de los hombres y lo hace presente sacramentalmente en todas las culturas” (12).

Como dice el Papa Francisco en su catequesis sobre la Eucaristía (22-XI-17): “No es solamente un recuerdo, no, es más: es hacer presente aquello que ha sucedido hace veinte siglos. Debemos entender el significado del «memorial». «En la celebración litúrgica, estos acontecimientos se hacen, en cierta forma, presentes y actuales a la memoria de los creyentes a fin de que conformen su vida a estos acontecimientos»”. (Catecismo de la Iglesia Católica, 1363). Cada vez que celebramos la Eucaristía Jesús mismo se parte y se reparte entre todos nosotros.

Y hoy también celebramos que Jesús nos ha hecho llegar su “programa”, lo que hay que hacer para llevar adelante su proyecto del Reino de Dios: el amor fraterno. Lo hemos escuchado en el Evangelio: se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una talla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos… Un “programa” que quien participe en la Eucaristía deberá hacer suyo necesariamente: Si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros. Os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis. Son inseparables las dos dimensiones de la Eucaristía, como nos recuerda Benedicto XVI: “Cada celebración eucarística actualiza sacramentalmente el don de la propia vida que Jesús ha hecho en la Cruz por nosotros y por el mundo entero. Al mismo tiempo, en la Eucaristía Jesús nos hace testigos de la compasión de Dios por cada hermano y hermana. Nace así, en torno al Misterio eucarístico, el servicio de la caridad para con el prójimo” (88).

ACTUAR:

Este segundo día de la “Campaña” de Jesús, en el que Él se parte y se reparte entre nosotros, ha de ser para nosotros un compromiso para vivir las dos dimensiones de la Eucaristía. Por una parte, como indica el Papa Francisco, “A través de la celebración eucarística el Espíritu Santo nos hace partícipes de la vida divina que es capaz de transfigurar todo nuestro ser mortal. Su sangre nos libera de la muerte y del miedo a la muerte. Nos libera no sólo del dominio de la muerte física, sino de la muerte espiritual que es el mal, el pecado”.

Y como consecuencia, también hemos de partirnos y repartirnos y “lavarnos los pies unos a otros”, porque como dice Benedicto XVI: “nuestras comunidades, cuando celebran la Eucaristía, han de ser cada vez más conscientes de que el sacrificio de Cristo es para todos y que, por eso, la Eucaristía impulsa a todo el que cree en Él a hacerse «pan partido» para los demás y, por tanto, a trabajar por un mundo más justo y fraterno. La vocación de cada uno de nosotros consiste en ser, junto con Jesús, pan partido para la vida del mundo” (88).

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