El Santo de la puerta de al lado

VER:
Una de las expresiones del Papa Francisco en “Gaudete et exsultate” sobre la santidad en el mundo actual que más rápido ha calado entre la gente es la que hace referencia a “los santos de la puerta de al lado”. En concreto, el Papa dice: “Me gusta ver la santidad en el pueblo de Dios paciente: a los padres que crían con tanto amor a sus hijos, en esos hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa. Esa es muchas veces la santidad «de la puerta de al lado», de aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios” (7). El Papa ha expuesto algo que ya “sabemos”, pero que en la práctica no acabamos de creer: que “para ser santos no es necesario ser obispos, sacerdotes, religiosas o religiosos. Muchas veces tenemos la tentación de pensar que la santidad está reservada solo a quienes tienen la posibilidad de tomar distancia de las ocupaciones ordinarias, para dedicar mucho tiempo a la oración. No es así. Todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra” (14).
JUZGAR:
Hoy celebramos a San José, esposo de la Virgen María. Aunque es un Santo oficialmente reconocido y que ocupa un lugar importante en la Iglesia, bien podría considerársele como uno de esos “santos de la puerta de al lado”, porque él, como dice el Papa, vivió como amor y ofreció el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde se encontró. Y por eso podemos “verle” reflejado en nuestro entorno y por eso sentirle muy cercano a nosotros.
De San José sabemos poco, sólo es mencionado por Mateo y Lucas al narrar la infancia de Jesús. Mateo dice de José que era “justo” y que era carpintero (cfr. Mt 13, 55). Lo mismo que a menudo sabemos poco de nuestros vecinos, apenas que son “buenas personas” y trabajadoras.
José se encontró con que María, su prometida, antes de vivir juntos, está esperando un hijo, y tomó la decisión de repudiarla. Seguro que también conocemos muchos casos de situaciones familiares complicadas y personas que toman la decisión de terminar con su compromiso matrimonial.
Pero José, sorprendentemente, se llevó a casa a María. Y aquí es donde empiezan a notarse diferencias entre José y las personas de nuestro entorno: porque José fue un hombre de fe, y toda su vida estuvo marcada y guiada por esa fe. Y personas así ya no conocemos tantas.
José se ve enfrentado al Misterio de Dios; va a formar parte de algo que cambiará el curso de la historia. El Dios Todopoderoso quiere contar con él, un hombre anónimo, un simple carpintero de Nazaret, para que sea nada más y nada menos que el padre legal del Hijo de Dios hecho hombre.
La santidad de José se manifiesta precisamente en la humildad con que acoge esta misión, y en la obediencia que va a seguir a partir de ese momento a lo que Dios le vaya pidiendo, y que realizará a través de las circunstancias y vicisitudes propias de una vida ordinaria y anónima.
La santidad de José se manifiesta en que da un enorme salto de fe en el vacío, asume su misión con responsabilidad adulta, participando en el Misterio con plena disponibilidad, renunciando a todo protagonismo y quedando en segundo plano, detrás de Jesús y de María.
ACTUAR:
San José, como es un “santo de la puerta de al lado”, aparece como un modelo de fe para todos. A veces nos preguntamos cómo ser buenos cristianos, y en San José encontramos la respuesta de lo que es una vida cristiana vivida en plenitud: hacer lo que Dios nos pide. Y San José es un modelo claro y cercano de cómo se cumple la voluntad de Dios, aunque a veces no resulte fácil.
El ángel dijo a José que no temiera, y así realizó lo que el Papa nos dice: “No tengas miedo de la santidad. No te quitará fuerzas, vida o alegría. Todo lo contrario, porque llegarás a ser lo que el Padre pensó cuando te creó” (32) “No tengas miedo de apuntar más alto, de dejarte amar y liberar por Dios” (34). Ésa fue la experiencia de San José.
Por eso el Papa nos dice: “Tú también necesitas concebir la totalidad de tu vida como una misión” (23). “Esa misión tiene su sentido pleno en Cristo y sólo se entiende desde Él. En el fondo la santidad es vivir en unión con Él los misterios de Su vida” (20). San José, “el santo de la puerta de al lado”, nos enseña a ser santos, porque también a nosotros, personas anónimas, Dios nos encarga una misión. San José nos enseña a fiarnos de Dios y de su Palabra, viviendo esa nuestra misión en lo cotidiano, con alegrías y problemas, pero siempre abiertos a Él y en plena disponibilidad y obediencia a su voluntad, como lo hizo San José.