Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía VI del TO-C

Cristo ha resucitado

06 TO-C

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Criticando a los curas y a los obispos, una persona afirmó: “Se inventan un «amigo», en el que ni ellos mismos creen, para aprovecharse de la credulidad de la gente”. Como señala el Catecismo Católico para Adultos de la Conferencia Episcopal Alemana, desde los comienzos de la Iglesia ha habido quien ha puesto en duda lo que afirma la fe cristiana, viéndola como una simple proyección de deseos y anhelos, como ofrecer un simple consuelo u “opio” del pueblo para no afrontar la dura realidad de la existencia y la presencia del mal y el dolor, o como un instrumento de control y dominación al servicio del poder político, con el que la Iglesia se alía buscando su propio interés.

JUZGAR:

La Palabra de Dios en este domingo nos invita a reflexionar acerca de nuestra fe cristiana, porque también los cristianos a veces dudamos de lo que afirma la fe de la Iglesia. Unas veces, la experiencia del dolor propio o ajeno o el “silencio” de Dios ante nuestras oraciones provoca que vivamos amargados, sin esperanza, que seamos cristianos cuya opción parece ser la de una Cuaresma sin Pascua (EG 6). Otras veces, el mero hecho de dejarnos llevar por los criterios y valores dominantes hacen que, bajo una apariencia religiosa, en la práctica vivamos como si Dios no existiera. Con estas actitudes, desmentimos la afirmación central de nuestra fe: que Cristo ha resucitado, y que este hecho da sentido y configura la totalidad de nuestra existencia, abriéndola a la vida eterna.

Pero como ha afirmado San Pablo en la 2ª lectura: si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido. Si en la práctica no creemos la afirmación de la Resurrección de Cristo, o esta afirmación no tiene incidencia real sobre nosotros, ¿para qué orar? ¿Para qué esforzarnos en llevar una vida según el Evangelio? Si sólo vemos en Jesús a una buena persona que dijo cosas bonitas pero que murió hace 2.000 años, nos ocurrirá lo que también dice San Pablo: Si nuestra esperanza en Cristo acaba con esta vida, somos los hombres más desgraciados, porque la fe en Cristo queda como un simple sueño.

¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos, nos recuerda con fuerza San Pablo. ¿Por qué creemos esto? El Nuevo Testamento no describe el hecho mismo de la resurrección, ni afirma que alguna persona viera ese momento: ¿De dónde sacamos esta certeza? De los testimonios de los discípulos, mujeres y hombres, a quienes Cristo Resucitado se apareció.

Estas experiencias de encuentro con el Resucitado, narradas de diferentes formas, y la reacción de los discípulos, sólo resultan comprensibles si realmente reconocieron en el Resucitado al mismo Jesús que habían conocido en carne mortal, aunque ahora se les muestra revestido de gloria. Y por esa experiencia real no dudaron en anunciar la Buena Noticia, dando testimonio de la misma incluso hasta aceptar su propia muerte por afirmar que Cristo ha resucitado

Apoyándonos en estos y otros testimonios, cada cristiano está llamado vivir su propia experiencia de encuentro con el Resucitado para que su fe resulte creíble. Y la fe cristiana conlleva un proceso, como el que vivieron los discípulos, dispuestos a salir de nuestros esquemas “cerrados” en lo tangible y material; y la fe cristiana también supone un cambio de criterios y modos de conducta, como el que ellos vivieron, asumiendo el proyecto de vida de las Bienaventuranzas, que abarca todas las dimensiones de nuestra existencia como discípulos y apóstoles, viviéndolo en santidad.

ACTUAR:

¿Sé responder cuando alguien dice que la religión es el “opio del pueblo”, o un instrumento de poder, o cuestionan la resurrección de Jesucristo? ¿Soy de esos cristianos de “Cuaresma sin Pascua”? ¿Por qué creo en la Resurrección de Jesús? ¿He tenido experiencia de encuentro con Él?

No debemos escondernos ante aquéllos que cuestionan nuestra fe, ni ante los acontecimientos y circunstancias que parecen desmentir lo que afirma el Evangelio. Debemos verlos como retos para profundizar y robustecer nuestra fe. Mostraremos que “no nos hemos inventado a un amigo imaginario” ni estamos buscando un modo de consolarnos si, aun contemplando o sufriendo la pobreza, el hambre, el llanto, el odio, la exclusión… nos mantenemos como “árboles plantados junto al agua” (1ª lectura), sin perder la esperanza, no por nuestra fuerza interior, sino porque verdaderamente Cristo ha resucitado.

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