Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía IV de Adviento-C

Operación salida

4Adv-C

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Muchas personas desean pasar la Navidad fuera de sus lugares habituales de residencia. Un gran número utiliza su vehículo privado y por eso, desde el viernes pasado, y como es habitual en estas fechas, la Dirección General de Tráfico pone en marcha la “Operación salida” con motivo de la Navidad, ya que se producen millones de desplazamientos y es necesario extremar la vigilancia y la seguridad en las carreteras. Una vez llegados al destino elegido se suele permanecer allí unos días, ya sea para encontrarse con su familia o para disfrutar de unos días de vacaciones.

JUZGAR:

En general se suele entender y vivir la Navidad como unos días de vacaciones en nuestras actividades habituales. Y si es verdad que cualquier persona necesita de vez en cuando tomarse vacaciones, nosotros además, como cristianos, debemos hacerlo para celebrar bien la Navidad. Pero este cuarto Domingo de Adviento nos indica cómo ha de ser nuestra “Operación salida” con motivo de la Navidad, que no consistirá simplemente en “tomarnos vacaciones”.

En el Evangelio hemos contemplado a María que se puso en camino y fue aprisa a la montaña, aun pueblo de Judá. Podríamos pensar que, tras el anuncio del Ángel, María ha iniciado su personal “Operación salida” para tomarse unos días de descanso y meditar sobre el asunto y asimilarlo; pero no es así.

La “Operación salida” de María no consiste en unos días de vacaciones, sino en ir al encuentro de su pariente Isabel: por una parte para ayudarla en su embarazo, ya que Isabel era de edad avanzada, pero sobre todo, para compartir con ella su alegría por el próximo nacimiento del Hijo de Dios. María no puede guardarse para Ella sola ese anuncio que ha recibido: la que ha sido visitada por Dios siente la necesidad de “visitar” a otros, de compartir con otros su experiencia de fe.

La “Operación salida” de María nos sirve de modelo para que cada uno de nosotros llevemos a cabo nuestra personal “Operación salida” con motivo de la Navidad, que no consiste principalmente en desplazarnos físicamente o en hacer vacaciones, sino en “hacer salir” nuestra experiencia de fe, que otros puedan notar y recibir lo que nosotros celebramos.

Por eso, la Navidad nos invita a tener presentes las palabras del Papa Francisco en Evangelii gaudium respecto a la “Iglesia en salida”: todos somos llamados a esta nueva «salida» misionera. Cada cristiano y cada comunidad discernirá cuál es el camino que el Señor le pide, pero todos somos invitados a aceptar este llamado: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio (20). Cada uno tendremos que discernir cómo realizar nuestra particular “Operación salida”, pero siguiendo el ejemplo de María, el denominador común será nuestro deseo de llevar a Cristo a los demás. Y esto podemos hacerlo sin grandes discursos ni montajes, sino con normalidad, con naturalidad. El simple saludo de María hizo que el niño que Isabel lleva en su vientre saltase de gozo. María vive su fe de un modo tan “normal” y transparente que su sola presencia revela ya a Cristo, y así se convierte en modelo del cristiano que debe anunciar a Cristo. Nuestra vida de fe debería ser tan normal y transparente que en nuestros gestos y acciones cotidianas se pudiera notar la presencia de Cristo.

ACTUAR:

¿Estos días voy a desplazarme fuera de mi lugar de residencia habitual? ¿Entiendo y vivo la Navidad como unos días de vacaciones? ¿Cómo voy a llevar a cabo mi particular “Operación salida”, siguiendo el ejemplo de María? ¿Es mi vida de fe tan normal y transparente que mis gestos y acciones manifiestan a Cristo?

Hace dos domingos dijimos que, para que circulemos con seguridad en nuestro caminar como cristianos, Dios mismo es quien nos construye “autovías”, ofreciéndonos su Palabra, la Eucaristía y los demás Sacramentos, tiempos y recursos para la oración individual y comunitaria, los Equipos de Vida, la formación… y que para preparar el camino del Señor, a nosotros nos corresponde “circular” por esas autovías que el Señor nos ha preparado, llevando a cabo la “Operación salida”.

Y aunque cada uno tenemos que discernir el camino a seguir, hay algo concreto que podemos proponernos como comunidad parroquial: participar en la “Misa del Gallo”. Lamentablemente, en muchos lugares que podría celebrarse se ha eliminado esta celebración argumentando que “es muy tarde, la gente está con las cenas, los mayores no salen…” Pero que no nos pueda la comodidad ni nos importe el número de participantes: el hecho de “salir” de casa, en la noche, para ir como los pastores al encuentro del Dios que ha nacido, supone ya un verdadero testimonio de fe. María no tuvo pereza en iniciar su “Operación salida” para ir a visitar a Isabel; no la tengamos nosotros y, con normalidad, “salgamos” física y espiritualmente a recibir al Niño Dios.

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